lunes, 18 de junio de 2012

LAS VOCES DEL DOLOR



¿Es el dolor mudo...?


No... no lo es, pero se suma al silencio progresivamente porque el que lo padece descubre que no es comprendido y mucho menos aceptado por los demás.


El dolor físico y sobre todo, el del alma.


Cuando descubres rostros de circunstancias en los que te escuchan; tímidos suspiros o frases hechas que no salen del corazón, si no del protocolo, te das cuenta que es mejor callar y guardártelo para ti para mejor expresarlo en la intimidad más estricta donde no te miren sorprendidos porque se escapa un suspiro o una mueca de dolor.


Así se sienten las personas que padecen enfermedades no reconocidas como por ejemplo la Fibromialgia, Sensibilidad química múltiple o la Fatiga crónica, entre otras muchas que nuestros políticos no reconocen y la sanidad pública tampoco.

Así se sienten cientos de miles de personas que no solo no son comprendidas en su dolor (Físico y de alma...) por estos médicos o gobernantes, añadiendo la sociedad en general e incluso el círculo más íntimo.


Se sienten solos, marginados y humillados y de este modo, el dolor se torna mudo.

El fragmento del libro de Vicente Verdú La ausencia parece estar dedicado a estas personas.


"Parece extraño incluso que el dolor físico, que tan elocuentemente se manifiesta, no consiga comunicarse ruidosamente con el otro más cercano.


Sufrimos la clamorosa presencia del dolor, pero afuera no es posible oír nada. Parece extraño que no se oiga o se sienta alrededor indicio alguno de nuestro tormento, pero efectivamente la condición humana ha mutilado ese lenguaje cuerpo a cuerpo.

Un habla acaso superior pero ensimismada opera en su acción como un castigo doble: el castigo de su martirio primario y la tortura secundaria de vivirlo en soledad. El dolor físico pues, no cuenta nada más que consigo para demostrar su imperio. El otro dolor, el del alma, se presta a la transmisión existencial, pero el físico se funde desesperadamente en sí mismo. De ese modo constituye el reflejo más duro de la soledad en que, a fin de cuentas, cada cual vive consigo. Yo a solas con mi dolor. Yo o mi dolor crónico. Yo acompañado. Tan solo acompañado verdaderamente por la perfecta soledad que el dolor, a la luz del día o a lo largo de la noche, acorrala y muerde."

No dejemos que sigan solos con su dolor... acompañémoslos...

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