domingo, 8 de enero de 2012

Tóxicos que engordan Una epidemia global y transgeneracional

En muy poco tiempo, las personas delgadas o con peso normal podrían ser minoría. Los datos al respecto son escalofriantes. Y el problema está empezando a crecer más seriamente de lo que creíamos.




Pero tal vez hemos buscado soluciones donde no estaban, porque desconocíamos la raíz del problema. Las nuevas investigaciones apuntan hacia las disrupciones endocrinas provocadas por productos químicos tóxicos presentes en pesticidas, fertilizantes, edulcorantes, etc. Seguro que no es la única razón de la epidemia de obesidad, pero es preciso empezar a tener muy en cuenta este factor de riesgo.

Hay quienes vaticinan que, en un futuro no muy lejano, niños, adolescentes y adultos con un peso normal… serán minoría. Todas las cifras son alarmantes. Según publicaba recientemente La Vanguardia, “el 40% de los menores tiene bajo peso o exceso: las cifras siguen aumentando”. Los expertos buscan respuestas a las altas cifras de obesidad y de anorexia en la sanidad, bajo un prisma convencional: dietas, hábitos alimentarios… Podrían estar errando gravemente. Por otro lado, es el modelo social imperante, con su alimentación basura, sus familias desestructuradas, su economía agresiva… el causante en gran medida del problema de esta terrible epidemia. Padres que trabajan fuera y que por casa no aparecen, matrimonios que ni se ven y/o no existen, niños solos en casa, largas sesiones de TV, nulo ejercicio físico, una vida cien por cien sedentaria y solitaria, un mundo contaminado, alimentos cargados de residuos químicos y de pésima calidad nutricional, cargados de azúcares, grasas nitrogenadas, patéticos hábitos alimentarios… Para educar a un niño a tener una dieta saludable es preciso, para empezar, estar con él, aconsejarle, guiarle… ¿Cómo es posible si los padres apenas ven a los niños? Y, más aún, ¿cómo sería posible transmitirle a un niño esos valores si el adulto en cuestión desconoce esos mismos valores por completo? Rafael Casas, director y coordinador nacional del programa Thao-Salud Infantil, especializado en la prevención de la obesidad infantil, ha dicho: “¿Cómo puede un hombre o una mujer alimentar correctamente a sus hijos, enseñarles lo que es saludable o no y educarles en alimentación si no están con ellos en todo el día?”. Habría que añadir que esos mismos padres, en muchas ocasiones, tienen lagunas muy importantes en estos temas y sus propias conductas, imitadas por los hijos, distan mucho de ser las correctas. La epidemia afecta a niños, mayores y ancianos. Es absolutamente transgeneracional. En 2015, según la Organización Mundial de la Salud, habrá 2.300 millones de personas con obesidad en el planeta, mientras otros tantos millones fallecen por inanición. De los 2.300 millones de obesos, unos 700 millones padecerán de gran obesidad. Y los casos de anorexia, bulimia y otros trastornos se multiplican.

ALIMENTOS ECOLÓGICOS
Pedro Tormo, médico internista en el Hospital del Aire de Madrid y asesor sanitario de Sanitas, ha especificado: "Hay que reeducar en la cocina". El especialista aconseja el consumo regular de pescado, legumbres, frutas y verduras y evitar las grasas saturadas como claves para evitar o reducir la obesidad. En su ecuación también entran el ejercicio físico, los horarios "más europeos" y evitar periodos de ayuno. "No es sólo cuestión de salud, es también un problema económico, ya que la sanidad pública tiene que hacer frente a tratamientos para los distintos tipos de obesidad", explica Tormo. Pero el experto se olvida de señalar que no basta con comer más pescado, más verduras, más fruta… Nuestros alimentos tienen que ser ecológicos, completos. Sin productos químicos. Las nuevas investigaciones sobre obesidad están apuntando a ideas que, incluso hoy, pasan desapercibidas para muchos nutricionistas y especialistas en el tema. La contaminación química, que causa disrupciones endocrinas, podría estar alterando a una escala global a las personas biológicamente más predispuestas a engordarse. Podría tratarse no sólo de un asunto más o menos psicológico, nutricional y/o de hábitos. Quizá otros factores estén empezando a contar. Vean, a este respecto, el excelente reportaje siguiente en las páginas de este mismo número, firmado por Pat Thomas. Pero tenemos más datos.

GRASAS TÓXICAS
El doctor Barry Sears es y ha sido un reputado autor de libros relacionados con las dietas más sanas y sobre diversos asuntos relacionados con el funcionamiento de nuestros organismos (más de cinco millones de ejemplares vendidos en todo el mundo). Ahora ha dado un paso más allá. En España, Urano Ediciones ha editado, recientemente, Grasa tóxica. El citado doctor afirma que la obesidad no se debe al exceso calórico sino a una predisposición genética relacionada con nuestro proceso evolutivo. Dicha tendencia, combinada con ciertos hábitos alimenticios -exceso de carbohidratos, aceites vegetales de baja calidad y escasa ingesta de pescado azul-, provoca la acumulación de grasa tóxica en el organismo y el exceso de peso. Para adelgazar, no basta con comer menos y hacer más ejercicio: hay que revertir todo el proceso. Por ello, propone un plan de treinta días que nos devolverá el bienestar y suprimirá la obesidad de raíz. "A menos que tratemos la obesidad como un cáncer -dice el doctor Sears- nunca podremos controlarla". Los productos tóxicos procedentes de pesticidas, detergentes, plásticos, herbicidas, fertilizantes… entran en nuestros organismos a través de la alimentación, de una alimentación industrial. Estos productos nocivos se acumulan en la grasa de todos los seres vivos y pueden provocar todo tipo de disfunciones hormonales. El problema no está ya sólo en ingerir determinadas grasas, sino en qué llevan esas grasas.

DIETAS HIPOCALÓRICAS
Tal como informa DICYT: “La formación es uno de los factores más importantes a la hora de adquirir hábitos de vida saludables que evitan la aparición de numerosas patologías a largo plazo. Según datos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), los costes generados por la obesidad en España suponen el 7% del gasto sanitario anual, lo que supone unos 2.507 millones de euros. Según diversos informes, los expertos coinciden en que, en la actualidad, un 16% de las personas adultas en España padece obesidad. Aquí, allá y acullá se multiplican los cursos, talleres, ponencias y todo tipo de eventos en los que los expertos proponen dietas hipocalóricas atractivas para una población que engorda paulatinamente. Pero creemos que este trabajo loable es insuficiente. Es necesario que estas dietas hipocalóricas introduzcan nuevos conceptos: alimentos ecológicos, vegetarianismo… ¿Por qué introducimos el concepto vegetarianismo? Dejemos ahora a un lado los temas morales, espirituales y/o éticos: los animales acumulan en sus grasas los productos disruptores de los que estamos hablando. A más consumo de grasa animal, más productos tóxicos en nuestros organismos con la capacidad de crear disrupciones que podrían conllevar alteraciones hormonales y, directamente relacionadas, obesidad, diabetes, etc. Los productos químicos tóxicos son liposolubles, se almacenan en el tejido graso. Los vegetales tienen menos grasa y menos capacidad de almacenarla y, por tanto, menos venenos.

OJO: NO TODO ES QUÍMICA
No queremos decir, obviamente, que debamos descartar completamente los principales factores que, hasta la fecha, han sido tenidos en cuenta para abordar el problema de la epidemia de obesidad. Está claro que no hacer ejercicio, comer determinados productos grasientos e industrializados… engorda. No. No es eso. Porque el problema es, efectivamente, multifactorial. Y, además, como sabemos, cada persona es un mundo, cada individuo tiene sus particulares circunstancias. Incluso factores psicológicos pueden conllevar obesidad, además de factores familiares, culturales, genéticos, raciales, etc. Ahora bien, sin descartar esas otras causas, tenemos que centrarnos en los nuevos datos que nos aportan los investigadores más independientes. Y aquí es donde la encrucijada química adquiere relevancia. Un grupo de investigadores de la Universidad de New Hampshire está estudiando si el uso frecuente de sustancias químicas retardantes de la combustión que se emplean cada vez más en muebles, alfombras, ordenadores, etc., podrían relacionarse con un aumento de la obesidad en EE.UU. Estos productos químicos, conocidos como “PBDEs” y que pueden reducir hasta un 45% el riesgo de morir por un incendio, podrían a la vez tener repercusiones importantes para la salud. Los primeros estudios han visto cómo afecta al tejido adiposo disminuyendo su sensibilidad a la insulina, lo que podría llevar a desarrollar una diabetes tipo II. También en experimentos con ratas tratadas con PBDEs se vio un aumento de peso frente a aquellas del grupo de control que no fueron tratadas. La información procede de Medical News Today.

MUCHÍSIMAS EVIDENCIAS
Por ejemplo, se sabe ya que la exposición a hexaclorobenceno se relaciona con problemas en el embarazo y riesgo de sobrepeso en niños de seis años. Este estudio se hizo para saber si la exposición prenatal al hexaclorobenceno (HCB) tenía efectos adversos potenciales sobre el peso del niño y el índice de masa corporal (IMC) en los niveles de exposición a esta sustancia que pueden darse en la población general, sin necesidad de hablar de exposición a fuentes más o menos importantes de contaminación local.
Por otro lado, el bisfenol A afecta al transporte de glucosa en células grasas de ratones. Los estudios demuestran que este producto químico, utilizado mucho en pesticidas, afecta a la obesidad. También, las concentraciones en sangre de algunos de estos productos químicos han sido asociadas al inicio y la tasa de incidencia de la diabetes mellitus. El bisfenol A está presente cada vez más en sangre humana debido a la ingesta de productos alimentarios con residuos de este pesticida utilizado en una abundante cantidad de cultivos.
Una investigación publicada en la revista Environmental Health Perspectives asocia las concentraciones urinarias de metabolitos de ftalatos con la obesidad y la resistencia a la insulina que precede al desarrollo de la diabetes. Y, por si alguien tenía alguna duda, el doctor Miquel Porta y su equipo, en Barcelona, han llevado a cabo un estudio titulado Distribución de las concentraciones séricas de compuestos orgánicos persistentes (COPs) en una muestra representativa de la población general de Catalunya (2009) y ha sido realizado para el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya con la colaboración de esta entidad, del IMIM y de la Universidad Autónoma de Barcelona. Según este estudio, es interesante constatar cómo las personas analizadas con sobrepeso u obesidad tendían a tener concentraciones mayores de compuestos como p,p´-DDT, p,p´-DDE, PCBs 118,138, 153 y 180, HCB y ß-HCH. Podemos deducir dos cosas: a más grasa, más contaminantes; a más contaminantes, más grasa, mayor obesidad.
Un estudio del Centro del Cáncer M.D. Anderson de la Universidad de Texas en Estados Unidos ha asociado fuertemente la obesidad en el inicio de la vida adulta con el desarrollo de cáncer pancreático a una edad temprana. (http://jama.ama-assn.org/cgi/content/full/301/24/2553). La obesidad lleva asociados multitud de riesgos sanitarios, pero eso se tratará en otros reportajes y artículos de este mismo monográfico. Lo que nos interesa de este estudio en concreto es que obesidad y cáncer de páncreas también están relacionados con determinados contaminantes. El pez se muerde la cola.

SIN EMBARGO…
Sin embargo, a pesar de que toda esta información está apareciendo en algunos medios de prestigio científico, y de que cada vez más investigadores abren sus estudios a nuevos riesgos relacionados con obesidad, ciertos periodistas, nutricionistas, investigadores, políticos y responsables sanitarios siguen ciegos y sordos a las evidencias. Recientemente, fui invitado a un conocido programa matutino de TV3 para participar en una mesa redonda sobre la obesidad infantil. Cuando me tocó el turno y comenté que los productos químicos tóxicos podían estar inhibiendo la capacidad de nuestros organismos para regular el peso y que lo que había que hacer era llevar la alimentación ecológica a casas, colegios, hospitales, guarderías… casi me toman por un iluminado mesiánico que estaba hablando de algo que no tenía nada que ver con aquello de lo que se estaba tratando. En fin, esto es lo que hay. Informadores desinformados…

Pedro Burruezo - http://www.vidasana.org/ - ECOticias.com

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