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lunes, 11 de marzo de 2013

Lo que la industria biotecnológica no quiere contar


Entrada de blog por Mónica Parrilla - febrero 26, 2013



Un año más la ISAAA (Servicio Internacional para la Adquisición de Programas Agro-biotecnológicos, en sus siglas en inglés) una fundación creada por la industria biotecnológica lanza su informe anual en el que detalla las cifras de cultivos transgénicos a nivel mundial. Un informe que más que aportar claridad al asunto, desinforma ya que presenta una realidad parcial y distorsionada.

Y sin embargo, si nos ceñimos a sus propios datos, podemos concluir que el cultivo de transgénicos sigue siendo un fracaso.

El documento cifra el aumento de la superficie cultivada con transgénicos en un6% el año pasado llegando a un total de 170,3 millones de hectáreas.También afirma, por ejemplo, que los países en desarrollo están comenzando a acercarse a esta tecnología.

Esta propaganda de las biotecnológicas hace que tengamos en ella una cita anual de exageraciones y omisiones en sus publicaciones que generan desinformación y mentiras.


¿Qué es lo que no cuentan? Algunos datos:

El 80% del cultivo de transgénicos está concentrado en sólo cuatro países, Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá. Y a pesar de esa concentración, también en estos lugares son minoritarios. Además, en EEUU, primer país productor de transgénicos, los agricultores están pensando en volver a las semillas convencionales debido a los bajos rendimientos en las cosechas por el aumento de la resistencia de las plagas y la proliferación de malas hierbas.
En Europa están restringidos ya en 11 países y de los cinco que los cultivaron en 2012 en tres ha disminuido la superficie, con la vergonzosa excepción de España, cuyo gobierno sigue apostando por ser el único país de la Unión Europea que cultiva maíz transgénico MON810 a gran escala (116.306 hectáreas en 2012, según estimaciones del Ministerio basadas en la información de la industria).
Recordemos el escandaloso fracaso de la patata transgénica Amflora de BASF. El año pasado, la biotecnología y la empresa química BASF anunciaba que iba a detener el desarrollo y comercialización de los cultivos transgénicos en Europa, debido a la "falta de aceptación de esta tecnología en muchas partes de Europa por parte de la mayoría de los consumidores, agricultores y políticos". Más información sobre la patata transgénica
En cuanto a Asia, el único cultivo transgénico cultivado en algunas partes de China y de la India es el controvertido algodón transgénico.
El algodón MG no se come y de hecho China e India no tienen alimentos transgénicos. Con la experiencia vivida con el algodón transgénico no es de extrañar el rechazo masivo a la introducción de arroz GM en China y de una berenjena GM en la India.
África es un continente prácticamente libre de cultivos transgénicos.
La ISAAA sorprendentemente se olvida de mencionar todos estos datos entre otros muchos, pero la realidad es que después de 16 años de comercialización, el 75% de estos cultivos se han diseñado para ser resistentes a los herbicidas producidos por las mismas empresas que comercializan los cultivos transgénicos. No aumentan los rendimientos, sino que impulsan las ganancias de un puñado de empresas multinacionales, siendo éste es el verdadero objetivo, nada que ver con solucionar el hambre en el mundo que sigue aumentando.
Esperaremos a la siguiente cita anual para contar lo que la industria pro-transgénica quiere ocultar.


FOTO: Manifestación del campesinado en Argentina exigiendo la salida de las multinacionales de la soja transgénica. ©Greenpeace/Aharonian Mónica Parrilla (@MonicaParrill) agricultura y transgénicos de Greenpeace.


Fuente: http://www.greenpeace.org/espana/es/Blog/lo-que-la-industria-biotecnolgicanoquierec/blog/44070/utm_source=facebook&utm_medium=social_network&utm_term=transgenicos&utm_content=transgenicos&utm_campaign=Transg%C3%A9nicos

viernes, 7 de septiembre de 2012

Los alimentos tóxicos que supimos conseguir: Contaminantes peligrosos imperceptibles en los alimentos (Parte 2)


23 agosto, 2012


Los alimentos que adquirimos a diario en almacenes y supermercados, aparentemente aptos para el consumo humano, suelen contener una variedad de contaminantes peligrosos. ¿Cómo saberlo? Es casi imposible ya que, a simple vista, pasan inadvertidos para la mayoría de las personas. Entre estas sustancias, existe una creciente preocupación por un grupo especial de químicos ambientales que se acumulan dentro de los organismos vivos y persisten en el ambiente por largos períodos. Se pueden encontrar principalmente en los alimentos y el agua, pero también en el aire, el suelo, y en muchos objetos. Se los conoce como contaminantes tóxicos persistentes (CTP) y se los vincula con numerosas enfermedades, cada vez más frecuentes (cáncer, malformaciones congénitas, trastornos inmunológicos, diabetes, infertilidad, etc.). Recomendaciones para saber qué hacer

Por el Dr. Sergio E. Schlimovich – Agosto 23, 2012


Durante los últimos 50 años la sociedad se ha ido transformando profundamente. La industrialización, la tecnificación y los avances en los sistemas y medios de producción han modificado notablemente el estilo de vida de las personas y, especialmente, su alimentación. Además, estos cambios han ido acompañados de la aparición y liberación al medio ambiente de un gran número de sustancias, que en muchos casos, y por muy diversas vías, han llegado a incorporarse en los alimentos. Muchas de estas sustancias son tóxicas, e ingeridas en determinadas cantidades pueden tener efectos nocivos para la salud de la población.

Algunas de estas sustancias se originan como consecuencia de las actividades propias del sistema de vida actual: la utilización de combustibles fósiles, la incineración de residuos, la extracción de minerales. Otras, en cambio, son producto de actividades industriales concretas como plaguicidas, refrigerantes de aparatos eléctricos y retardantes de llama para fabricar electrodomésticos, por citar algunos ejemplos.

En la actualidad, tanto la producción, recolección, manipulación y distribución de alimentos viene determinada por una dinámica economicista donde importa poco la calidad de lo que comemos, ni el contexto en el que son producidos. Hoy, lo que interesa es hacer un producto rentable, dejando la salud de la población en el olvido.
La contaminación implica la presencia de sustancias indeseables y, en la inmensa mayoría de los casos, los alimentos no cambian su aspecto u otras de sus características por lo que la contaminación no puede reconocerse a simple vista y pasa inadvertida para la mayoría de la población.

Los más preocupantes
En los albores de la era industrial, los contaminantes biológicos (bacterias, parásitos, hongos, etc.) mantenían el foco de atención del problema del agua y de los alimentos, en forma casi exclusiva, seguido de unas pocas sustancias químicas. Pero a medida que comienzan a liberarse al medio ambiente una serie de contaminantes químicos de distinto origen (quema de combustibles, deshechos de fábricas, químicos sintéticos, etc.), el panorama cambia completamente. Otrora, cuando los contaminantes biológicos eran fácilmente identificables y relativamente sencillos de manejar, pero con el correr del tiempo fueron dando paso a una interminable lista de productos químicos tóxicos. Entre ellos tenemos: residuos de pesticidas utilizados en la producción y manipulación de alimentos; colorantes, conservantes y estabilizadores y otros aditivos añadidos; sustancias químicas que se incorporan inintencionalmente a los alimentos como aflatoxinas, policlorobifenilos (PBC), metales pesados (mercurio, plomo y manganeso), nitratos, compuestos orgánicos persistentes (COP) y radionucleidos.

Los contaminantes químicos representan las sustancias más nocivas para la salud y la biodiversidad, en particular, un grupo especial de químicos ambientales que se acumulan dentro de los organismos vivos y persisten en el ambiente por largos períodos (20-30 años). Se pueden encontrar en los alimentos y el agua y, también, en el aire, el suelo, y los objetos que utilizamos a diario. Para referirse a esta variedad de químicos tóxicos ambientales, distintas fuentes y autores han utilizado diversas denominaciones: Contaminantes tóxicos persistentes (CTP); compuestos orgánicos persistentes (COP); sustancias tóxicas persistentes (STP); químicos tóxicos persistentes (QTP); o sustancias tóxicas bioacumulativas persistentes (TBP). Otras fuentes hacen referencia a COP y otros contaminantes tóxicos persistentes.

Químicos que alteran las hormonas

Algunos tóxicos persistentes se comportan como disruptores endócrinos (DE); es decir, interfieren la acción normal de las hormonas, y representan un tipo especial de contaminante tóxico persistente (CTP). Se han identificado hasta la fecha más de 500, sobre los que se conoce o se sospecha tienen capacidad de alterar el equilibrio del sistema endocrino de los seres humanos y de otras especies de la vida salvaje. Dado que el equilibrio de los diferentes sistemas del cuerpo humano depende de la presencia de mediadores químicos naturales, que son mayormente hormonas, y que los DE pueden interferir cualquiera de estos sistemas de distintas formas; las consecuencias de estas sustancias sobre el sistema endocrino pueden ser graves y a menudo irreversibles. Estas incluyen efectos sobre la reproducción, los caracteres sexuales, el metabolismo, el sistema inmunológico, el desarrollo cognitivo de los niños, aspectos del comportamiento psicosocial y desarrollo de cánceres genitales. Ejemplos que incluyen estas sustancias son: bisfenol-A, alquifenoles, ftalatos, vinclozolina, policlorobifenilos (PCB), hexaclorobenceno (HCB), dicloro difenil tricloroetano (DDT) y otros pesticidas clorados (dicofol y clordano, etc.), dibenzodioxinas y dibenzofuranos, entre otros.

Curiosamente, siendo los contaminantes químicos en los alimentos los de mayor preocupación debido su peligrosidad, no existen muchos estudios que comprueben sistemáticamente su presencia en los alimentos, pero bien se sabe que son muy numerosos y se encuentran en nuestra dieta de todos los días. A través de ella llegan y se almacenan en nuestro organismo donde ejercen sus efectos nocivos, muchos de ellos irreversibles.

Las evidencias

En 1999, un informe conjunto presentado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (USFDA), en el marco del Programa de Seguridad Alimentaria, resume una lista de los principales contaminantes alimentarios en aquel entonces (1). Por ejemplo, entre ellos se destacan varios pesticidas (aldrín, endrín, dieldrin, dicloro difenil tricloroetano, endosulfan, hexaclorociclohexano, hexaclorobenceno, heptacloro, policlorobifenilos) presentes en la leche entera, manteca, grasas y aceites animales, cereales y leche humana. Otro ejemplo es la presencia de plomo en la leche, carne fresca enlatada, riñones, cereales, frutas en conserva, condimentos, zumo de frutas, alimentos de bebés, refrescos, vino y agua envasada.

Quizá uno de los mejores estudios hasta hoy sobre contaminantes químicos alimentarios es el realizado por el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya en 2005, que llevó a cabo una exhaustiva investigación con la finalidad de evaluar el riesgo potencial para la salud de la población, derivado de la presencia de contaminantes químicos en los alimentos (2).

La evaluación global del estudio de Catalunya concluye que, en el conjunto de alimentos analizados se observa que los contaminantes orgánicos persistentes (COP) se encuentran en concentraciones más elevadas en el grupo de pescados y mariscos -siendo más altas en las especies con mayor proporción de grasa- seguida de los aceites y grasas, y de los productos lácteos. Dado al carácter lipofílico (fuerte adhesión a las grasas) de los COP, las concentraciones más elevadas se encuentran en alimentos con un mayor contenido en grasa. Le siguen los naftalenos policlorados (NPC) -que se encuentran en concentraciones más elevadas en aceites y grasas, seguidos de los cereales- y el hexaclorobenceno (HCB). Los alimentos que presentan mayores concentraciones de HCB son los productos lácteos seguidos del pescado. Los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) se encuentran en concentraciones más elevadas en el grupo de los cereales y las grasas, siendo los cereales los que hacen una mayor contribución en la ingesta diaria de HAP. En cuanto a los metales, los alimentos con mayor contenido son pescados y mariscos, debido a la elevada concentración de arsénico, seguido de las grasas y cereales. Los alimentos con mayor concentración de mercurio son también pescados y mariscos, productos donde este elemento se encuentra principalmente en forma orgánica, concluye el estudio (2).

En países sojeros, como la Argentina, los plaguicidas utilizados en los cultivos de soja representan actualmente la mayor fuente de contaminación de aguas superficiales y alimentos provenientes del campo. Los plaguicidas de mayor uso para este cultivo son los herbicidas como glifosato (N-fosfonometil-glicina), y los insecticidas como clorpirifos, endosulfan y cipermetrina. Estas sustancias pertenecen al grupo de compuestos orgánicos persistentes (COP), de difícil biodegradación, y debido a su afinidad por las grasas se acumulan en el tejido adiposo de los animales y del ser humano por muchos años. Por esta razón, son extremadamente peligrosos y deben ser considerados como prioritarios para su control y/o eliminación. La exposición se da tanto en los trabajadores que los aplican, como en los consumidores de alimentos contaminados. Mientras los primeros se afectan en forma aguda, principalmente, a través de la piel y las vías respiratorias debido a los plaguicidas esparcidos por el aire; los segundos, los incorporan en forma crónica por el aparato digestivo a través de los alimentos contaminados (3).

La contaminación no es solo en la agricultura

La contaminación alimentaria no se limita únicamente a la agricultura, ya que le siguen en importancia la actividad pecuria. Las principales actividades dentro del sector pecuario se dan en la ganadería bovina y la producción avícola. Al igual que sucede en la agricultura, el mayor problema potencial que representan estas dos actividades sobre la salud humana se dan en dos situaciones: la primera, en los trabajadores de la industria del sector, y la segunda, sobre los consumidores. En ambos casos, el problema radica en la forma en que se crían los animales, y que luego irán al consumo humano, tanto como producto fresco como derivados manufacturados. La exposición prolongada a una serie de contaminantes químicos que forman parte del proceso de producción, así como del consumo, puede resultar en un efecto nocivo para la salud (3).

Existen pocos estudios dedicados a determinar la presencia de contaminantes tóxicos persistentes (CTP) en los tejidos y órganos de animales bovinos y avícolas; no obstante, se presume que se encuentran muy difundidos entre los animales -como se ha observado en la vida silvestre- y que la contaminación con CTP es mayor cuanto mayor sea el tenor graso del animal (esto se debe a que los CTP, al poseer una fuerte adhesión a las grasas (son lipofílicos como los COP), se acumulan en el tejido adiposo de los animales). Una investigación realizada en 1996, en Veracruz, México (4), evaluó los niveles de plaguicidas organoclorados en la carne y la grasa de bovinos. El resultado del estudio concluyó que se hallaron diferencias estadísticamente significativas en los niveles medios de HCB en las grasas de la cavidad abdominal, así como entre los niveles de DDT total de la grasa abdominal. Los niveles de los plaguicidas organoclorados manifestados en las muestras revelaron la existencia de una contaminación mayor a la reportada en otros países.

Otro estudio realizado en 2005 (5), investigadores mexicanos analizaron los residuos de plaguicidas organoclorados en la leche cruda y pasteurizada de la zona metropolitana de Guadalajara, en México. La investigación encontró la presencia de aldrín, dieldrín, heptacloro y endrín en cantidades suficientes como para que el estudio concluyera que la leche en esta zona estudiada constituyera un riesgo para la salud del consumidor.

Algunas evidencias sugieren que la carne de pollo podría estar contaminada con diversas sustancias que pudieran ser nocivas para la salud humana. Esto se atribuye principalmente a dos razones: primero, que en el proceso de engorde de esta ave, que en pie no sobrepasa los 800 gramos a 1 kg, está siendo producido para su venta con un peso superior a 2 kg, y a veces hasta 3 kg. De no mediar manipulación genética esto podría lograrse mayormente poniendo en el alimento de los pollos una cantidad apreciable de ciertas sustancias hormonales promotoras del crecimiento que los hagan engordar y crecer rápidamente; y segundo, los alimentos balanceados con que estarían siendo alimentados contendrían suficientes concentraciones de compuestos orgánicos persistentes (COP) como dioxinas y furanos y una variedad de plaguicidas.

Si bien existen evidencias científicas del uso de promotores del crecimiento en el ganado bovino y porcino, no es así para el caso de los pollos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los COP tienen efecto de “disrupción endocrina” que podría explicar, en parte, la acción hormonal estrógeno-símil en los animales (sustancias sintéticas que imitan la acción del estrógeno), que podría ingresar al organismo humano a través de la dieta y ejercer un efecto nocivo. En este sentido, por ejemplo, un estudio realizado en México, cerca del complejo petroquímico de Pajaritos, en Coatzacoalcos, Veracruz, encontró concentraciones de dioxinas en huevos de gallina de corral, 19 veces por encima de lo normal y 6 veces superiores a los límites que establece la Unión Europea para estos productos. La presencia de hexaclorobenceno (HCB) fue una vez y media más alta que el límite impuesto por la Unión Europea. Esa misma relación se encontró con las concentraciones de policloribifenilos (PCB). Otro estudio realizado cerca de hornos de cemento en Minas, Uruguay, encontró contaminación en huevos de gallinas con dioxinas, policloribifenilos (PCB) y hexaclorobenceno (HCB) (6).

Los COP liberados al ambiente tardan muchos años en descomponerse; mientras tanto, se precipitan desde el aire hacia el suelo, vuelven a volatilizarse, viajan grandes distancias a través del aire y los cauces de agua, y pueden acumularse en huevos, productos lácteos, carne, peces y, de este modo, siguen la cadena alimenticia hasta llegar al ser humano. Estas tres sustancias (dioxinas, policloribifenilos y hexaclorobenceno) encontrados en los estudios pueden provocar severos daños en la salud humana como cáncer, perturbaciones hormonales y afectar el desarrollo cerebral de los niños que reciben estos compuestos en su vida diaria, y aun antes de nacer (llegan a traspasar la placenta), además, la madre lo transmite a su hijo a través de la leche materna (6).

Efectos en la salud de los contaminantes tóxicos persistentes (CTP)

Las consecuencias en la salud a mediano y largo plazo a causa de la exposición crónica a los CTP (incluidos los COP y los plaguicidas) pueden ser potencialmente muy graves y merecen verse con gran detenimiento. Si bien el impacto de la exposición crónica a los CTP es controvertido, tanto los estudios en animales y epidemiológicos como un gran número de observaciones clínicas han demostrado tener numerosos efectos nocivos, y en muchos casos irreversibles.

Carcinogénesis:

Existe gran preocupación a nivel de la salud infantil entre la vinculación con la exposición a plaguicidas y al aumento abrupto en la incidencia (nuevos casos) de cánceres como leucemia, sarcoma, linfoma y tumor cerebral, y se postula que es debido a la exposición de los padres y/o con hogares tratados con estos productos (7). Por otra arte, se cree que la exposición temprana en la vida sea la que desencadene el proceso de cancerogénesis y produzca la enfermedad en la etapa adulta. Por ejemplo, la incidencia elevada de cáncer testicular es motivo de preocupación, y la hipótesis prevalente es que se inicia en el periodo fetal, posiblemente por exposición a disruptores endocrinos, y se completa en la etapa adulta. En Suecia, un estudio de 44 madres de pacientes con cáncer testicular demostró que tenían niveles elevados de PCB, HCB, trans- y cis-nonaclordano, y otros clordanos. Se postula que la criptorquidia (descenso testicular incompleto) y el cáncer testicular se deben a niveles altos de estrógenos en el 1er trimestre del embarazo, y esta hipótesis se podría extender a los contaminantes ambientales con potencia estrogénica o anti-androgénica que tienen algunos COP (8). Con respecto al tumor de cerebro, un reciente estudio multicéntrico del IARC (International Agency for Research on Cancer) de 1.218 casos registrados en siete países (EEUU, Israel, Italia, España, Australia, Francia y Canadá), sugiere una asociación con la exposición materna a agroquímicos y otros factores presentes en zonas rurales (9).

Trastornos del desarrollo y la reproducción:

Algunos plaguicidas se vinculan a trastornos de la reproducción: aborto espontáneo, bajo peso al nacimiento, malformaciones y muerte neonatal (10). Los plaguicidas pueden afectar la reproducción humana, ya sea por toxicidad directa en los órganos reproductores o por interferencia con las funciones hormonales. Los efectos de los plaguicidas en la reproducción pueden incluir anormalidades menstruales, infertilidad masculino o femenino y perturbaciones hormonales. El desarrollo del feto es especialmente susceptible a los efectos de los plaguicidas. La toxicidad de los plaguicidas durante la gestación puede ocasionar abortos espontáneos, retrasos en el desarrollo, defectos congénitos y déficit funcionales. Estudios epidemiológicos con herbicidas como el glifosato (Roundup), han reportado tasas de fertilidad menores en los hombres expuestos comparados con hombres no expuestos, y también se ha reportado una caída entre el 50 y 80% de la fecundidad durante los periodos en que ambos integrantes de la pareja aplicaban plaguicidas (11).

Abortos espontáneos y niños nacidos muertos:

Numerosos estudios reportan abortos espontáneos y nacimientos con el producto muerto entre trabajadoras agrícolas. Debido a que las trabajadoras están expuestas a mezclas complejas de sustancias químicas, estos estudios no han podido establecer la conexión entre sustancias específicas y las tasas de abortos. Algunos estudios realizados entre esposas de trabajadores agrícolas muestran un incremento en el riesgo de abortar o de que el feto nazca muerto (11). Han sido encontrados mayores niveles de plaguicidas organoclorados en fetos abortados y en niños nacidos prematuramente que en nacidos a término (12). Además, mujeres que viven en comunidades que se abastecen con agua para beber contaminada por una variedad de herbicidas, incluidos atrazina –reportada en el estudio como de uso en el tabaco–, cyanazina y metolaclor, tienen 80% más de riesgo de sufrir retardo en el desarrollo intrauterino del feto, comparadas con otras que viven en comunidades similares abastecidas con el líquido no contaminado (13). El pentaclorofenol y el lindano han sido asociados con padres de niños que nacen bajos de peso o de talla menor al promedio (14).

Malformaciones congénitas:

Los defectos de nacimiento asociados con la exposición a plaguicidas incluyen paladar hendido, defectos en las extremidades, malformaciones cardiovasculares, espina bífida e hidrocefalia, criptorquidismo (descenso testicular incompleto) e hipospadias (malformación congénita del pene) (11). Las malformaciones congénitas se dieron en niños nacidos de padres trabajadores agrícolas, aplicadores de plaguicidas o no campesinos, pero nacidos en regiones con intensa actividad agrícola (11). Los defectos han estado asociados significativamente con el uso de 2,4-D y varios fungicidas. Los riesgos, tanto para los hijos de aplicadores de plaguicidas como para los nacidos del público en general, son mayores para los chicos concebidos en primavera, época de gran uso de plaguicidas en Minnesota (15). Comunidades en Iowa con elevados niveles del herbicida atrazina en el agua para beber registraron entre 2 y 3 veces más nacimientos con malformaciones congénitas, específicamente 3 veces más defectos cardiacos, 3 a 4 veces más defectos urogenitales y casi 7 veces más defectos de reducción de extremidades (13).

Disrupción endocrina:

Ciertos plaguicidas y COP alteran el sistema hormonal de las plagas así como el de animales, pero también pueden hacerlo en los humanos. Los disruptores endocrinos (DE) pueden ser de origen sintético (plaguicidas, contaminantes, productos industriales) o natural (hormonas, plantas. A bajas dosis pueden imitar el efecto hormonal, bloquearlo, o desencadenar una respuesta hormonal inadecuada. Dosis relativamente elevadas durante periodos críticos podrían interferir con funciones importantes del desarrollo y la reproducción, provocando esterilidad, disminución del número de espermatozoides y cáncer en órganos reproductores (16). Los COP se han vinculado a la incidencia elevada de hipospadias (malformación congénita del pene) (17). Varios plaguicidas imitan a los estrógenos (hormona femenina) en tanto que otros bloquean los andrógenos (hormona masculina) y las hormonas de la glándula tiroides (18). Fungicidas como el vinclozolin e iprodione son antiandrógenos (19). En el feto o el recién nacido, la alteración del sistema endocrino puede provocar secuelas permanentes en el desarrollo sexual mientras que, en la etapa adulta, es menos probable que esta alteración cause este efecto adverso en la salud (20).

Alteraciones del comportamiento

Se han demostrado alteraciones del desarrollo neurológico con disminución de la inteligencia y trastornos del comportamiento en animales de experimentación. Algunos compuestos organofosforados causan alteraciones neurológicas a largo plazo en trabajadores rurales que sufrieron intoxicación aguda (21).

Alteraciones inmunológicas

Se ha demostrado que algunos plaguicidas comprometen el sistema inmunológico. Si esto ocurre en la infancia, el riesgo de enfermedades infecciosas y cáncer es elevado, sobre todo en países donde el riesgo de infecciones es alto y la malnutrición es prevalente (número de casos) (1). La exposición a plaguicidas ha sido asociada con hipersensibilidad a sufrir dermatitis, asma o anafilaxis, así como inhibición de la función inmune y su consecuente susceptibilidad a patógenos infecciosos, reacciones autoinmunes y cáncer de las células inmunes. Los plaguicidas reportados como causantes de reacciones de hipersencibilidad en humanos incluyen: atrazina, paratión, diclorvos, captafol, folpet, captan, naled, maneb, zineb, ditianona y dinitroclorobenceno (22,23). Otros plaguicidas que se han asociado con síntomas de autoinmunidad en humanos son: clordano, heptacloro, pentaclorofenol y formaldehido (22).

Recomendaciones

Cualquiera podría pensar, y con suficiente razón, que frente a este panorama de descontrol en la inocuidad de los alimentos a causa de los tóxicos químicos, nada podemos hacer. Pero esto sería un error, ya que existen distintas alternativas tendentes a minimizar la exposición crónica de estas sustancias peligrosas que pueden ayudarlo a Ud. y su familia a disminuir el riesgo de sufrir graves enfermedades.

Sin lugar a dudas, la mejor alternativa para proveerse de alimentos saludables es consumir productos orgánicos que, no solo están libres de tóxicos químicos sino que, además, contienen todos los nutrientes que se necesitan para mantenerse saludable. Cuando hablamos de productos orgánicos nos referimos a toda clase de alimentos: agua, frutas, verduras, cereales, granos, semillas, frutos secos, y hasta carnes y huevos.

Si por alguna razón no pudiera tener acceso a ellos, ya que depende del lugar en que se encuentre viviendo; entonces puede hacer lo siguiente: 1) para las frutas y verduras, busque huerteros locales cercanos a su área que, la mayoría de ellos utiliza poco y nada de pesticidas, enriquecen la tierra con abonos orgánicos y riegan con agua de pozo o de lluvia; 2) para los cereales, granos, semillas y frutos secos, busque en las dietéticas que generalmente ofrecen productos orgánicos (también algunos supermercados tienen secciones de orgánicos); 3) para las carnes, tienen que ser animales de pastoreo (para los vacunos) y caminadores (para las aves), también, busque los huevos de campo (no los de producción industrial); 4) respecto al agua, de preferencia beba agua mineral de manantial, de lo contrario, tiene que tener un muy buen filtro en casa ya que la mayoría no filtran los insecticidas y otras sustancias tóxicas más pequeñas.



Referencias

1. (OMS4) Food safety programme. Department of Protection of the Human Environment. World health organization (WHO). Global Environment Monitoring System/Food Contamination Monitoring and Assessment Programme (GEMS/Food). Report of a Joint USFDA/WHO International Workshop on Total Diet Studies in cooperation with the Pan American Health Organization. Kansas City, Ms:WHO, july 1999.
2. Contaminantes químicos – Estudio de la dieta total de Cataluña (CQEDTC 2000-2002), 2005.
3. Schlimovich SE. Proyecto de Sensibilización y Educación sobre Factores Químicos Ambientales Determinantes de la Salud – Mapa Tóxico Químico de la Provincia de Entre Ríos. Consejo Federal de Inversiones (CFI), junio de 2010.
4. M. Real, A. Ramírez, E. Pérez y M. Noa. Residuos de plaguicidas organoclorados en leche cruda y pasteurizada de la zona metropolitana de Guadalajara, México. Rev. Salud Anim. Vol. 27 No. 1 (2005): 48-54.
5. Dioxinas, PCBs y Residuos. Preparado por el Grupo de Trabajo de la secretaría de la Red Internacional para la Eliminación de COPs (IPEN, por su sigla en inglés) REDES-AT (Uruguay), RAPAL (Uruguay) y Arnika Association (República Checa).
6. Zahm, S.H. and M.H. Ward, (1998) Pesticides and childhood cancer. Environ Health Perspect, 106 Suppl 3: 893-908.
7. Hardell L et al (2003) Increased concentrations of polychlorinated biphenyls, hexachlorobenxene and Chlordanes in mothers of men with testicular cancer. Environ Health Perspec Vol 111, number 7.
8. Efird JT et al, (2003) Farm-related exposures and childhood brain tumors in seven countries: results from the SEARCH International Brain Tumor Study; Pediatrics and Perinatal E idemiology 17(2):201-211.
9. Munger, R., et al., (19979 Intrauterine growth retardation in Iowa communities with herbicide- contaminated drinking water supplies [published erratum a ears in Environ Health Perspect 1997 Jun;105(6):570]. Environ Health Perspect, 1997. 105(3):308-14.
10. Giesy JP, Dobson S, and Solomon KR. (2000) Ecotoxicological Risk Assessment for Roundup(r) Herbicide. Reviews of Environmental Contamination and Toxicology 167: 35-120.
11. Siddiqui, M.K.J., Saxena, M.C., Mishra, U.K., Krishnamurti, C.R. and Nag, D. (1981) Long-term occupational exposure to DDT. Int. Arch. Occup. Envion. Health. 48, 301-308.
12. Ronald Munger, Peter Isacson, Song Hu, Trudy Burns, James Hanson, Charles F. Lynch, Keith Cherryholmes, Paul Van Dorpe,4 and William J. Hausler, Jr. Intrauterine Growth Retardation in Iowa Communities with Herbicide-contaminated Drinking Water Supplies. Environmental Health Perspectives Volume 105, Number 3, March 1997.
13. Wilfried Karmaus and Nicola Wolf. Reduced Birthweight and Length in the Offspring of Females Exposed to Exposed to PCDFs, PCP, and Lindane. Environmental Health Perspectives Volume 103, Number 12, December 1995.
14. Vincent F. Garry, Dina Schreinemachers, Mary E. Harkins, and Jack Griffith. Pesticide Appliers, Biocides, and Birth Defects in Rural Minnesota. Environmental Health Perspectives Volume 104, Number 4, April 1996.
15. US Environmental Protection Agency (1998), Endocrine Disruptor Screening and Testing Advisory Committee. Final Report. EPA Office of Prevention, Pesticides and Toxic Substances: Washington, DC.
16. Paulozzi LJ (1999) International trends in rates of hipospadia and chriptorchidism. Environ Health Perspect 107:297-302.
17. Sonnenschein C, Soto AM. An updated review of environmental estrogen and androgen mimics and antagonists. J Steroid Biochem Mol Biol. 1998 Apr;65(1-6):143-50.Eskenazi, B., A. Bradman, and R. Castorina (1999) Exposures of children to organophosphate pesticides and their potential adverse health effects. Environ Health Perspect, 1999. 107 Su l 3:409-19.
18. Gray, LE, J Ostby, E Monosson and WR Kelce. 1999.Environmental antiandrogens: low doses of the fungicide vinclozolin alter sexual differentiation of the male rat. Toxicology and Industrial Health 15: 48-64.
19. LeBlanc GA, McLachlan JB. Molt-independent growth inhibition of Daphnia magna by an anti-androgen. Environmental Toxicology and Chemistry 1999;18:1450?1455.
20. Rosenstock, L., et al., (19919 Chronic central nervous system effects of acute organophosphate pesticide intoxication. The Pesticide Health Effects Study Group. Lancet, 338(8761):223-7.
21. Repetto, R. and S. Baliga, (1996) Pesticides and the immune system: the public health risks. World Resources Institute: Washington, DC.
22. Baker, S.R.; Wilkinson, C.F. 1990. “The effects of pesticides on human health. Advances in modern environmental toxicology”. Volume XVIII. Princeton Scientific Publishing Co.: New Jersey, U.S.A. 438 p.
23. O’Malley M. Clinical evaluation of pesticide exposure and poisonings. Lancet 1997;349:1161-1166.

sábado, 19 de mayo de 2012

¿Transgénicos? No, Gracias


Por Carmelo Ruiz Marrero

Estos cultivos no fueron alterados genéticamente para rendir más ni para ser más nutritivos ni para reducir el uso de agroquímicos tóxicos. La mayoría fue alterada para ser inmunes al herbicida Roundup, producto de la corporación estadounidense Monsanto, y se les conoce como cultivos Roundup Ready. Aún en dosis diluidas mil veces, los herbicidas Roundup estimulan la muerte de las células de embriones humanos, lo que podría provocar malformaciones, abortos, problemas hormonales, genitales o de reproducción, además de distintos tipos de cánceres”, segun Seralini.

Los cultivos y alimentos transgénicos (genéticamente modificados) son objeto de intensa controversia alrededor del mundo. En esta controversia participan desde doctores y científicos hasta movimientos campesinos, organismos internacionales y líderes políticos, y ha llegado al punto de arrestos, violenta represión y la persecución de científicos que han tenido la osadía de contradecir el discurso oficialista sobre la biotecnología. Este debate ha producido numerosos libros, reportajes de prensa y televisión, documentales de corto y largo metraje, simposios científicos, contenciosas negociaciones internacionales, y hasta marchas de protesta y desobediencia civil.

Entiéndase por transgénico un organismo a cuyo código genético se le han insertado genes de otra especie mediante ingeniería genética o transgénesis. La ingeniería genética derriba barreras celulares para hacer combinaciones genéticas que nunca pudieron haberse dado en la naturaleza, y se usa en la agricultura y alimentos desde la década de los 90. Actualmente hay decenas de millones de hectáreas sembradas de cultivos transgénicos en el mundo, la gran mayoría de ellos en cuatro países de nuestro hemisferio americano: Estados Unidos, Canadá, Brasil y Argentina. Al añadir los de Uruguay, Paraguay y Bolivia, tenemos ahí casi la totalidad de los cultivos transgénicos del mundo. Casi todos son de soya y maíz, y el resto es mayormente algodón y canola (colza).

Estos cultivos no fueron alterados genéticamente para rendir más ni para ser más nutritivos ni para reducir el uso de agroquímicos tóxicos. La mayoría fue alterada para ser inmunes al herbicida Roundup, producto de la corporación estadounidense Monsanto, y se les conoce como cultivos Roundup Ready. Los demás producen su propio pesticida, y se les llama cultivos Bt. Esta soya y maíz se utiliza para hacer, entre otras cosas, harina, almidón, aceite de cocinar, endulzadores, biocombustibles, y comida para alimentar los animales de finca que nos dan carne, lácteos y huevos.

Ese herbicida, ¿es seguro?

De más está decir que los alimentos derivados de cultivos Roundup Ready deben tener trazas sustanciales de Roundup. ¿Cuán seguro es ese herbicida para consumo humano?

En 2010 la revista científica Chemical Research in Toxicology publicó un estudio revisado por los pares, escrito por el embriólogo argentino Andrés Carrasco, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Laboratorio de Embriología Molecular de la Universidad de Buenos Aires, que determina que el glifosato, ingrediente activo del Roundup, es extremadamente tóxico a embriones de anfibios aún en dosis mucho menores (hasta 1.540 veces menores) que las utilizadas en las fumigaciones agrícolas.

En 2008 esa misma revista había publicado un estudio del francés Giles-Eric Seralini, especialista en biología molecular y docente de la Universidad de Caen, que indica que el Roundup es letal para células humanas. Según su investigación, dosis muy por debajo de las utilizadas en los cultivos de soya provocan la muerte celular en pocas horas.

"Aún en dosis diluidas mil veces, los herbicidas Roundup estimulan la muerte de las células de embriones humanos, lo que podría provocar malformaciones, abortos, problemas hormonales, genitales o de reproducción, además de distintos tipos de cánceres”, dijo Seralini al diario argentino Página 12.

En el ejemplar de marzo 2012 de Ecological Applications el biólogo Rick Relyea, profesor de la Universidad de Pittsburgh, publicó un estudio que indica que dosis subletales de Roundup pueden cambiar la morfología de anfibios. "Los herbicidas no están diseñados para afectar a animales, pero estamos aprendiendo que éstos pueden tener una amplia gama de efectos sorprendentes al alterar cómo funcionan las hormonas”, dijo Relyea. "Esto es importante porque los anfibios no sólo sirven como barómetros de la salud de ecosistemas, sino también como indicadores de peligros potenciales a otras especies en la cadena alimentaria, incluyendo humanos.”

Plantas insecticidas

Las compañías de biotecnología nos aseguran que la toxina insecticida presente en los cultivos Bt es inofensiva a los seres humanos y que se disuelve en nuestro sistema digestivo. Hoy sabemos que eso no es cierto.

Doctores en el hospital universitario de Sherbrooke en Quebec, Canadá, hallaron la toxina Bt en la sangre de mujeres embarazadas y sus fetos, al igual que en mujeres no embarazadas. Específicamente, el estudio encontró la toxina en 93% de 30 mujeres embarazadas, y en la sangre umbilical de 80% de los fetos, y 67% de 39 mujeres no embarazadas.

En 2008 una investigación subvencionada por el Gobierno de Italia encontró que ratones alimentados con el maíz Bt de Monsanto tuvieron anticuerpos IgG e IgE elevados, algo típicamente asociado a alergias e infecciones. Tenían además, índices anormalmente elevados de interleukinas, lo cual está asociado a varias enfermedades en humanos, desde artritis reumatoidea y osteoporosis hasta esclerosis múltiple y la enfermedad de Lou Gehrig. Los ratones tenían además, niveles elevados de células T gamma delta, que están asociados con asma, alergias a alimentos y artritis juvenil.

En la India hay miles de trabajadores agrícolas que trabajan con plantas de algodón transgénico Bt que "según reportes y expedientes de doctores, hospitales y farmacias, al igual que numerosos reportajes investigativos y estudios de caso, constantemente luchan contra piquiñas y erupciones en la piel; algunos toman antihistamínicos todos los días para poder ir a trabajar”, según el investigador Jeffrey Smith, autor de Seeds of deception.

Cito a Smit de nuevo: "Cuando dejaron al ganado pastando en plantas de algodón Bt, tras la cosecha, miles de ovejas, cabras y búfalos murieron. Otros numerosos se enfermaron. Visité una aldea donde por siete u ocho años habían dejado a su ganado pastar plantas naturales de algodón sin incidente. Pero el 3 de enero de 2008 permitieron a sus 13 búfalos pastar plantas de algodón Bt por primera vez. Después de una exposición de solo un día murieron todos. La aldea perdió también 26 cabras y ovejas. Un pequeño estudio en Andhra Pradesh reportó que todas las seis ovejas que pastaron en plantas de algodón Bt murieron en un mes, mientras que tres controles que fueron alimentados con plantas de algodón natural no mostraron síntomas adversos.”

Este no ha sido más que un brevísimo compendio de los riesgos a la salud causados por los productos transgénicos que compañías como Monsanto, Dupont y Syngenta están desarrollando y comercializando en América Latina. Para más recursos, acudan a la página web de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos: http://www.rallt.org/

www.ecoportal.net

Carmelo Ruiz Marreroes autor, periodista investigativo y educador ambiental.

http://www.connuestroperu.com/consumidor/20/27415-itransgenicos-no-gracias 
 

martes, 20 de marzo de 2012

Entrevista a la autora de El mundo según Monsanto. “La soja transgénica lleva al hambre”

Posted on 15 març 2012



El PP es transgénico
Coincidiendo con la posición del gobierno del PP que sopesa levantar su veto a la norma europea que daría libertad para prohibir cultivos transgénicos en España se ha publicado enecoportal esta entrevista a Marie-Monique Robin realizada por Manuel Alfieri, que reproducimos a continuación. Recomendamos, a quien no lo haya visto aún, el documental de la autora: El mundo según Monsanto.


Reconocida por sus investigaciones sobre el accionar de las multinacionales agrícolas, la periodista francesa asegura que “si en el mundo hay 1000 millones de personas que sufren hambre, es a causa de este modelo”. Está convencida de que el glifosato terminará prohibido. “¿Pero después de cuántos muertos y cuánta contaminación?”, se pregunta la autora de El mundo según Monsanto. Además, por qué denunció al director de Clarín Rural.





Marie-Monique Robin con Vandana Shiva
Marie-Monique Robin (51) es autora de numerosas investigaciones. Quizás, la más famosa de ellas sea El mundo según Monsanto, publicada en 2008 como libro y documental cinematográfico, traducida a 16 idiomas y difundida hasta en las regiones más recónditas de África. En ese trabajo, la periodista francesa reveló los entretelones del agronegocio y denunció a la corporación Monsanto, líder del mercado mundial de semillas transgénicas y agroquímicos, por ocultar y falsificar información relativa a los productos que comercializa. Robin dedicó un capítulo entero al caso de la Argentina, lo que la llevó a conocer diferentes provincias inundadas por el “oro verde” y constantemente fumigadas.


“Estoy segura de que dentro de algunos años el glifosato va a ser prohibido. ¿Pero después de cuántos muertos y de cuánta contaminación? Es una bomba sanitaria”, aseguró la autora, que recientemente publicó una nueva investigación sobre esta problemática: El veneno nuestro de cada día, donde se ocupa de los químicos que contaminan la cadena alimentaria. Durante la entrevista telefónica que mantuvo con Tiempo Argentino, Robin adelantó que en abril próximo se espera que el libro llegue a nuestro país.


–¿Cuándo y cómo comenzó su interés por este tema?

–Llevo más de 25 años trabajando como periodista, con un interés particular por la cuestión agrícola, porque mis padres son agricultores en Francia. Así fue que comencé a hacer un trabajo de investigación sobre la pérdida de biodiversidad en el mundo. Cuando fui a México me encontré con un escándalo tremendo: multinacionales que consiguen patentes de semillas. Dentro de esas empresas estaba Monsanto, que en aquella época ya tenía más de 600 patentes en plantas. Allí empecé a investigar a Monsanto y a ver el tema de las patentes, que para mí es central. La única razón por la que Monsanto hace transgénicos es porque hay patentes, y eso permite que pida regalías y tenga un monopolio del sistema. Controla toda la cadena alimentaria a través de este sistema, obligando a los agricultores a comprar cada año sus semillas.


–En El mundo según Monsanto usted denunció el accionar de una de las empresas más poderosas del mundo. ¿Recibió presiones o amenazas?

–Esa era mi preocupación. Pero pasó una cosa que para mí fue una protección tremenda: el increíble impacto del material publicado. Si no me pasó nada es porque todo está justificado con entrevistas y con documentos. Yo estaba en Canadá cuando salió el documental y una de las periodistas que me entrevistó me dijo que su mejor amiga era la directora de comunicación de Monsanto Canadá. “La empresa buscó en cada página cómo te podía hacer un juicio y no encontró nada”, me confesó. Por eso yo digo abiertamente que Monsanto es una empresa criminal.


–¿Cuáles son los principales argumentos para sostener su denuncia?

–Cuando una empresa sabe que un producto es muy tóxico, es decir, que va a contaminar el medio ambiente o va a enfermar a la gente, y de todas formas hace lo posible para mantenerlo en el mercado, entonces se trata de un comportamiento criminal. Por ejemplo, en el tema del Policloruro de Bifenilo (PCB), prohibido en casi todo el mundo, Monsanto acumuló las pruebas y las escondió, sabiendo cuán altamente tóxicos eran los PCB. Por eso fueron condenados a pagar 700 millones de dólares de multa en los Estados Unidos (N. del R.: Fue por la tragedia de Anniston, en 2002, cuando la justicia comprobó que de 3516 demandantes de ese pueblo, el 15% presentaba niveles superiores a 20ppm de PCB en sangre, cuando lo aceptable es de 2ppm).


–Este tema forma parte también de su nuevo libro, Nuestro veneno de cada día.

–Claro. Allí cuento la historia de campesinos que se reunieron para hacer una asociación de más de 200 miembros. Muchos tienen enfermedades como Parkinson y cáncer. Son campesinos que manipulan tóxicos a diario. El presidente de esta asociación manipuló Lasso, un herbicida para el maíz de Monsanto, prohibido en la Unión Europea, y esto le provocó una intoxicación aguda. Cayó en coma y, después de recuperarse, se enfermó de Parkinson. La enfermedad se desarrolló muy rápidamente, el hombre sólo tiene 48 años. Fue a juicio y ganó. Monsanto fue reconocido como culpable de la enfermedad y se pudo demostrar que la empresa disimuló estudios y datos sobre el Lasso. Por eso hablo de comportamiento criminal: si no saben que tal tóxico contamina, está bien. Ahora, que lo sepan y lo oculten concientemente es terrible.





Otros estudios de Marie-Monique Robin
–¿Por qué los controles sobre este tipo de multinacionales resultan insuficientes?

–Hay un problema central, que es el sistema de reglamentación de los productos tóxicos. Las empresas dicen que son productos probados y reglamentados. Todo eso es mentira: los estudios en que las instituciones gubernamentales se basan son hechos, entregados y pagados por las propias multinacionales. En general, los expertos de las agencias de reglamentación, que se supone que van a estudiar esos datos, tienen conflictos de intereses muy grandes, porque al mismo tiempo trabajan con multinacionales. Es lo que yo llamo “puertas giratorias”: funcionarios estatales que trabajan en organismos de control y luego lo hacen en las empresas, o al revés. Por otro lado, es un problema fundamental en la reglamentación de los agroquímicos la falta de transparencia y democracia. Los expertos se reúnen a puertas cerradas y ningún observador está autorizado a asistir a los debates. Los datos que van a estudiar son protegidos bajo el secreto comercial. Es una cosa increíble, porque es información toxicológica que tendría que ser pública porque afecta a millones de personas.


–En ese contexto, ¿cree que puede existir la independencia científica para evaluar a los agroquímicos?

–Es muy difícil. Los científicos tienen mucha presión y a veces pierden su empleo. Sé lo que pasó en la Argentina con el doctor Carrasco. Siempre es la misma historia. En mi último libro dedico tres capítulos a lo que se llama la “fábrica de la duda”. ¿Qué implica? Si, por ejemplo, un científico independiente publica un estudio enseñando la relación entre una exposición a un plaguicida y una enfermedad, la multinacional paga a un laboratorio que saca otro estudio diciendo lo contrario. Al final, llegan los dos estudios a la agencia de reglamentación y eso se demora años y años. Mientras tanto, el producto se sigue utilizando. Es algo perverso, criminal, porque hablamos de productos que en muchos casos dan cáncer.


–Algunas empresas aseguran que los transgénicos son indispensables porque el crecimiento poblacional demanda mayor producción de alimentos.

–Es mentira. Si en el mundo hay 1000 millones de personas que sufren hambre, es justamente a causa de este modelo, que llevó a la concentración de la tierra, como se ve bien en la Argentina, donde miles de hectáreas están en manos de algunos grandes productores. Por otro lado, este sistema de producción de alto rendimiento es, en un 90%, para alimentar animales de países industriales y no para alimentar a la gente. Lo que vi en el mundo entero es que ahí donde existe este modelo de agricultura, hay pueblos acabados, porque saca del país a los pequeños campesinos, los despoja de la tierra. Con todo esto, están hambreando al mundo.


–¿Y cuál considera que podría ser la alternativa?

–Tenemos que volver a una agricultura familiar, sin dependencia del petróleo, con biodiversidad de cultivos, que dé la posibilidad a las familias de alimentarse primero y luego vender en los mercados locales. Sacar a la agricultura de los grandes mercados internacionales.


–En esta coyuntura, ¿qué fue lo que más le impactó cuando visitó la Argentina?

–Estuve en 2005 y recorrí Santiago del Estero, La Pampa, Formosa, entre otros lugares. En Santiago estaban desmontando de manera brutal, provocando inundaciones en Santa Fe. También vimos los problemas en la salud: fuimos a escuelas donde los chicos se habían enfermado porque fumigaban frente al establecimiento. Un desastre. Pero lo que más me sorprendió fue que nadie sabía nada. Nadie sabía qué era un transgénico. Nadie se había dado cuenta de que la sojización era un desastre planificado. Porque el día que no haya más mercado para la soja transgénica, ¿cómo recuperás el suelo?, ¿cómo recuperás a las familias de campesinos que fueron despojados de sus tierras? La soja lleva a la Argentina al hambre y a la dependencia total.


–Muchos defensores del glifosato dicen que este agroquímico es tan dañino como “una aspirina”. ¿Qué les diría?

–Que si dicen eso, hacen propaganda de Monsanto. Se sabe que el glifosato es un perturbador endócrino, ataca el sistema de reproducción de las mujeres y los hombres. Da cáncer, los científicos lo explican. Es un veneno muy poderoso. En Europa acaba de salir una queja contra Monsanto para revisar la autorización del glifosato Round-Up, porque se escondieron algunos productos muy tóxicos que están dentro del formulado y que nunca fueron informados ni publicados. Estoy segura de que dentro de algunos años el glifosato va a ser prohibido. ¿Pero después de cuántos muertos y de cuánta contaminación? Es una bomba sanitaria.


El desembarco en la Argentina





Marie-Monique y la Dra. Graciela Gomez
La soja transgénica ingresó a la Argentina en 1996, de la mano del por entonces secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá. Fue el segundo país, después de los Estados Unidos, en autorizar su llegada, en un proceso plagado de irregularidades.


Según relató en su momento el diario Página/12, se violaron procedimientos administrativos, se dejaron sin respuesta los cuestionamientos de instancias técnicas y no se realizaron los análisis especificados por distintos organismos. Ya durante la autorización se vio la mano de las multinacionales: el expediente administrativo estaba escrito en inglés y nunca se tradujo al castellano. Además, de sus 136 folios, 108 pertenecían a informes presentados por Monsanto. De todas formas, el 25 de marzo de 1996, Solá firmó el documento. “Si existe un país en el que la multinacional haya podido hacer todo lo que le viniera en gana sin el menor obstáculo, ese es Argentina”, sostuvo Marie-Monique Robin en El mundo según Monsanto.


Clarín, La Nación y el glifosato


El 6 de marzo del año pasado, en un artículo titulado “Por qué Clarín y La Nación apoyan el uso de glifosato”, Tiempo Argentino puso en evidencia los vínculos comerciales que existen entre los dos diarios hegemónicos y Monsanto.


Los casos de cáncer denunciados por investigadores independientes no tuvieron lugar en las páginas de Clarín, mientras que el diario de los Mitre encaró una campaña para deslegitimar los estudios que advertían sobre los efectos del herbicida. Sucede que ambas empresas están asociadas en la organización de la feria anual Expoagro, donde se realizan jugosos negocios vinculados con el comercio de agroquímicos, con la participación de las principales compañías del rubro.


Por otra parte, a mediados de los ’90, Héctor Huergo, director del Suplemento Rural del diario de Noble y Magnetto, fue uno de los principales impulsores mediáticos para conseguir el ingreso de la soja transgénica y el glifosato a la Argentina.


En El mundo según Monsanto, Marie-Monique Robin se refiere a Huergo como “el más firme defensor argentino” de los transgénicos, quien “animaba al gobierno a sustituir los programas de ayuda social por una cadena solidaria de coste cero gracias a una red de distribución de soja”. Por entonces, el director de Clarín Rural consideraba que se trataba de “uno de los alimentos más completos que basta con hacer que entre en nuestra cultura”.


Robin, quien sostuvo que “este señor tiene un papel muy oscuro en esta historia”, concluyó: “Me gustaría saber cómo vive, porque no me puedo imaginar que hizo esto sólo por ideología. Aquí hay intereses muy fuertes.” www.ecoportal.net


Miguel Alfieri periodista de DiarioTiempo Argentino


Fuente: http://dempeusperlasalut.wordpress.com/2012/03/15/entrevista-a-la-autora-de-el-mundo-segun-monsanto-la-soja-transgenica-lleva-al-hambre/

viernes, 2 de marzo de 2012

´Convivimos con 300.000 sustancias y la mayoría no se sabe cómo nos afectan´





Adrián Martínez preside la nueva asociación. 
 ISABEL RAMón


La manipulación de alimentos, la contaminación y el desarrollo de nuevas sustancias ha traído consigo una serie de intolerancias alimentarias y ambientales que afectan a un creciente número de personas en España.


PINO ALBEROLA La creciente incidencia de patologías relacionadas con las intolerancias alimentarias y ambientales ha llevado a la creación de la asociación que usted preside, la primera de estas características en Alicante. ¿Por qué este aumento de casos?
Porque convivimos con más de 300.000 sustancias y solo unos pocos centenares han sido estudiadas bajo evidencias científicas sobre cómo afectan a la población, del resto no se sabe.

¿Qué enfermedades de carácter ambiental son las más importantes?
La fatiga crónica, el síndrome de la sensibilidad química, la fibromialgia y el síndrome electromagnético. También hay otras patologías que pueden tener relación con la contaminación, por ejemplo la incidencia del cáncer, la infertilidad, las enfermedades degenerativas...

¿Y respecto a las intolerancias alimentarias?
Cada vez hay más por el incremento de determinados productos alimentarios como la leche. Sólo un dato, el 80% de los españoles consumimos leche, cuando el 60% son intolerantes a la lactosa. Las industrias son las primeras que fomentan su uso. También hay muchos productos aderezados con aditivos que fomentan la intolerancia y además hay más intolerancias a determinados productos derivados del pollo, el pescado azul, la ternera y los frutos secos. Todo como consecuencia de la creciente manipulación de estos alimentos.

¿Qué podéis hacer los médicos ante esta situación?
Nos compete estudiar estas sustancias. Además, tenemos que elaborar alternativas terapéuticas consensuando criterios, ofrecer un contacto más íntimo con los pacientes y fomentar la formación en salud ambiental.

Muchos pacientes con enfermedades de carácter ambiental denuncian que la sanidad no les toma en serio.
Es cierto. Países como Canadá, Japón, Austria o EE UU reconocen la sensibilidad química y nosotros no. Respecto a la fibromialgia, utilizamos criterios de inclusión de la enfermedad muy antiguos y si se utilizaran los nuevos, los casos aumentarían muchísimo. Además, en muchas ocasiones los médicos piensan que son patologías de carácter psiquiátrico.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Alimentación orgánica: su valor a la salud y nutrición


Del campo a tu mesa




Por Ileana Delgado Castro /idelgado@elnuevodia.com


Ya sea por motivos de salud o por el interés de prevenir enfermedades, cada vez más personas se deciden por el consumo de productos orgánicos.

“Desde el punto de vista de la salud, los alimentos orgánicos son importantes porque no están contaminados con pesticidas o químicos. Se ha demostrado que esos tóxicos se alojan en el organismo y pueden causar varios problemas de salud, desde resistencia a los antibióticos y cáncer hasta condiciones autoinmunes”, sostiene el médico naturópata Efraín Rodríguez Malavé.

Sin embargo, al hablar sobre el valor nutricional de estos alimentos sobre otros, hay diferencias de opinión.

A juicio de la dietista clínica Glorivette González González, del Hospital Auxilio Mutuo, el valor nutricional de productos libres de pesticidas, hormonas o químicos, genera debate.

González destaca que hay estudios que no demuestran una diferencia significativa en cuanto al valor nutricional entre los alimentos orgánicos y aquellos obtenidos de otra forma.

Más aún, sostiene que se ha descubierto que en los alimentos orgánicos ese valor va a depender de las propiedades del suelo de acuerdo a los abonos orgánicos y procesos naturales que ocurren en el mismo.

De igual modo, González también menciona que “varios estudios científicos han encontrado que ciertos tipos de alimentos cosechados orgánicamente tienen una cantidad mayor de algunos nutrimentos que los que son producidos de forma convencional”.

Echando a un lado las controversias, la nutricionista expresa que “lo más importante es seleccionar aquellos alimentos que ofrecen una variedad de nutrimentos que nos ayuden a mantener una buena salud” .

Incluso, se debe tener en cuenta que un alimento orgánico no es sinónimo de dietético. “Como muchos otros productos, existen alternativas orgánicas que son controladas en azúcares, grasas y sodio y otras que no lo son. Por eso es muy importante leer la etiqueta nutricional para poder comparar y seleccionar aquellos productos que tengan un alto valor nutricional, sean orgánicos o no”, aconseja la nutricionista.



La salud entra por la boca

“La medicina natural recomienda que sigamos una alimentación lo más natural y orgánica posible. Entendemos que la salud entra por la boca y lo que comemos está íntimamente relacionado con nuestra salud”, asevera por su parte el doctor Luis F. Rivera, médico de familia que utiliza la naturaleza para curar y prevenir enfermedades.

Según Rivera, hoy día la comida está contaminada con químicos y adulterada con genética molecular. “Tanto así que a veces, por ejemplo, no sabemos si estamos ingiriendo maíz o uno mezclado con los genes de un pez, rana o algún otro organismo. Estos químicos y sustancias no son parte natural de nuestra comida y, por ende, nos hacen daño. Aunque pueda parecer inofensivo, su efecto es acumulativo y a largo plazo”, advierte Rivera, tras destacar que es posible minimizar la exposición a esta alimentación consumiendo productos orgánicos.

“En Estados Unidos hay un movimiento e interés de que la gente trate de comer natural, orgánico y, en lo posible, conocer quiénes y cómo se cultivan los alimentos que consumimos. Mientras más conozcamos de dónde provienen nuestros alimentos, más control tendremos sobre lo que ingerimos”, asegura Rivera, quien pone el ejemplo de las frutas y vegetales que son cubiertas con cera para que se vean “perfectos para la foto”.

“Es la misma cera que usamos para darle brillo al carro. Pero nadie quiere comer cera, ¿verdad? Por eso, si se puede, es mejor pelarla. Y aunque estamos perdiendo un poco de la fibra de los alimentos, esta la podemos ingerir de otras fuentes”, recomienda Rivera, también instructor de yoga y director del Centro Cultural Yoga Devanand.



La realidad del consumidor

Hasta hace muy poco, consumir alimentos orgánicos no era una prioridad en la vida de Rosa y su familia. Y aunque de vez en cuando le tentaba comprar uno que otro producto, como frutas y vegetales, dice que el alto costo de muchos de ellos casi siempre la frenaban.

“He escuchado sobre los beneficios de consumir productos orgánicos debido a que son cultivados de una forma en la que no se utilizan químicos. Pero la realidad es que la situación económica no está como para gastarse el sueldo de un mes en la compra de una semana”, afirma la ama de casa y madre de dos adolescentes.

Sin embargo, dice que en las últimas semanas ha tenido que hacer ciertos ajustes para poder comprar algunas carnes orgánicas porque, a su juicio, las otras le causan alergia a uno de sus hijos. Algo que ella atribuye a que en la industria se utilizan hormonas y antibióticos para acelerar el crecimiento de los animales.

En casa de Marian, sin embargo, se toman todas las previsiones posibles para que lo que se consuma en el hogar sean productos orgánicos o cosechados en el huerto que tienen en el patio, los cuales son cultivados libres de pesticidas o fertilizantes químicos.

“Hace varios años me diagnosticaron cáncer de seno y desde entonces decidimos llevar una alimentación más sana. Eliminamos la carne roja y tratamos de que casi todo sea lo más orgánico posible. Y el cambio en la salud de toda la familia ha sido sorprendente”, indica Marian, tras asegurar que lleva cinco años libre de cáncer.



En busca de lo local

La compra de productos locales, si están disponibles, es una excelente alternativa para consumir víveres típicos del país y apoyar la economía nacional.

“Los productos producidos localmente pueden ser más frescos por el hecho de no necesitar de tanto tiempo para transportarlos del lugar donde se producen hasta el mercado donde se venden”, sostiene González, mientras destaca que, sin importar si el producto es orgánico o no, siempre es más recomendable consumir los alimentos en su forma más natural y simple.

“Esto es así porque a todos los productos que son procesados se les añaden ingredientes para poder preservarlos por más tiempo”, advierte la dietista.

En Puerto Rico, los productos orgánicos se supone que están regulados bajo los estándares del Programa Nacional Orgánico (NOP, en inglés) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, en inglés).

Sin embargo, para algunos agricultores se trata de un proceso de certificación caro y burocrático. “Más que un problema de certificación, tenemos un problema de producción. Estamos contra viento y marea tratando de competir con los precios de los productos afuera y la gente no está acostumbrada (a comprar alimentos orgánicos)”, dice Leonardo Estrada Ferrer, quien tiene una finca en San Germán, donde cultiva tomates, repollos, pimientos y gandules orgánicos.

“Hay una ley para certificar los productos orgánicos, pero llevo ocho años y no me he certificado. Yo vivo de la agricultura y, como agricultor y antropólogo, creo que lo más importante es que no hay gente para trabajar la tierra”, agrega Estrada.

Alimentos orgánicos

• El término “orgánico” se define como un alimento cultivado libre de herbicidas, pesticidas u otros químicos; que no sean productos de cultivos transgénicos (modificados genéticamente). En el caso de las carnes, que no se hayan utilizado hormonas o antibióticos en su crianza.

• Biológico, ecológico u orgánico son sinónimos que se usan para designar los alimentos que cuidan tanto la salud de los consumidores como el equilibrio del medio ambiente en que se producen.

• Son igual de nutritivos que sus contrapartes tradicionales en términos de aportación calórica y contenido de vitaminas, minerales y otras sustancias.

• El beneficio mayor de estos productos radica en sus efectos a largo plazo sobre la salud. Al carecer de ingredientes nocivos (como alto contenido de sal, azúcar, químicos y productos transgénicos) ayudan a mantener la salud.

• Como regla general, se recomienda consumir los alimentos orgánicos que se comen con sus cáscaras como frutas (uvas, peras, cerezas, fresas) y vegetales (papas, espinacas, lechugas). Del mismo modo ocurre con las carnes (los animales acumulan las sustancias nocivas en los músculos). Los alimentos que se deben pelar para consumirse, como: el aguacate, la cebolla, la piña y el mangó, entre otros, suelen ser bastante seguros y pueden consumirse no orgánicos. En otras categorías se prefieren orgánicos los cereales, las leches de soya y de arroz, y el pan.

Fuente: Recopilado por El Nuevo Día

Otras recomendaciones

• Lava bien los alimentos con agua clara. También vienen unos enjuagadores naturales que ayudan a eliminar el sucio y los químicos que puedan estar depositados en la superficie de los alimentos.

• Si los alimentos no son orgánicos, quita la cáscara si es posible, porque es donde se almacenan muchos de los químicos indeseados.

• Compra y consume frutas y vegetales orgánicos. Evita consumir productos cuyas semillas hayan sido genéticamente modificadas en un laboratorio. Ahora en Puerto Rico hay varios proveedores certificados como fincas orgánicas donde se pueden conseguir a un precio económico.

• Cultiva huertos caseros y siembra los productos que te gustan, como plátanos, guineos, panas, pimientos, tomates, lechugas, papayas, mangos, limones, carambolas… Si utilizas maneras naturales y orgánicas de fertilizar tu huerto y prevenir las plagas podrás reducir tu consumo de químicos y comer más saludable.

• Bebe mucha agua. Eso te ayuda a que las toxinas que puedas ingerir no se acumulen en el sistema y se eliminen a través de la orina o el sudor.

Fuente: Dr. Luis F. Rivera

martes, 10 de enero de 2012

Entrevista a Fondo: Maíz transgénico y sus productos derivados “el peligro para la alimentación humana”


Entrevista a María Isabel Manzur.


Es una realidad en nuestro país la alteración genética en los alimentos y su propagación en la región de Sud América, los transgénicos se expanden cada día más en el planeta y el “Maíz” figura entre los principales cultivos de los que depende la alimentación humana y animal. En nuestro territorio nacional existe siembra de maíz transgénico, el que impacta desfavorablemente a la biodiversidad y va en contra de la soberanía alimentaria, la agricultura campesina e indígena ya que ellos son los que legaron esta semilla para el bien de todas las personas que habitan el mundo.

Para ello, la Dra. María Isabel Manzur, detalla los daños que los transgénicos pueden provocar a la diversidad biológica y al ambiente, por ser un cultivo de polinización abierta, el cual hace imposible evitar la contaminación transgénica del maíz cuando se siembra a campo abierto, pero lo importante es saber que la contaminación ocurre también en lugares cerrados como almacenes, industrias y transportes.

¿Qué es un alimento transgénico?

La palabra "transgénico" proviene de "trans" (cruzar de un lugar a otro) y "génico" (referido a los genes), la clasificación de un alimento como incluye a todo aquel organismo que tiene incorporado un gen extraño. Los alimentos transgénicos son organismos cuya información genética ha sido modificada de una manera que no se da en el apareamiento o recombinación natural, sino que es consecuencia de la introducción de genes de otras especies. Los alimentos transgénicos están elaborados con materias primas vegetales o animales genéticamente modificadas.

¿Cuál es la importancia del maíz dentro de la cadena alimenticia?
El maíz es uno de los alimentos básicos más esenciales para la supervivencia humana, junto al arroz y al trigo.

Este cereal sin embargo se ha modificado genéticamente y lo que hoy estamos consumiendo en su mayoría son maíces transgénicos o genéticamente modificados. Un alimento transgénicos es aquel al que se le ha agregado genes de otras especies, creando variedades que nunca antes han existido en la naturaleza. Los maíces transgénicos más comunes son aquellos que producen una toxina para combatir plagas, donde se les adiciona un gen de una bacteria tóxica., son los maíces Bt. También tenemos maíces resistentes a herbicidas o ambos. Estos cultivos por lo tanto al resistir a las plagas o a los herbicidas contienen sustancias tóxicas en su interior.

El maíz tiene un enemigo latente hoy “la contaminación con transgenes”, ¿existe una forma de proteger la riqueza genética del maíz que existe en nuestro país?
Así es. El maíz está amenazado por la contaminación con transgenes, esto significa que los maíces transgénicos al ser cultivados al aire libre, emiten polen que contamina los maíces comunes y corrientes, como el maíz choclero por ejemplo. En Chile tenemos 23 razas de maíz, son un recurso genético importante que nos ayudara a combatir nuevas plagas, enfermedades o la sequía. No existe forma de proteger estos maíces de la contaminación pues el polen viaja con el viento y las abejas a grandes distancias. La Fundación Sociedades Sustentables, el Programa Chile Sustentable y Desarrollo Rural Colchagua, encontraron el 2008 contaminación de maíz en el campo en 4 predios en la VI Región en un estudio que abarcó 30 predios. Uno de los maíces contaminados era la variedad carabina o diente de caballo que es un recurso fitogenético de Chile. Estos eventos son muy graves pues estos maíces contaminados pueden ser usados como semillas dispersando la contaminación aún más. El SAG que autoriza estos cultivos no ha efectuado mediciones de campo o adoptado medidas para controlar la contaminación.

¿Cuál es la diferencia entre un maíz natural y un maíz genéticamente alterado?
Un maíz natural es un maíz que ha sido seleccionado por los agricultores durante muchos años y donde se han seleccionado aquellos con las características deseadas. Un maíz transgénico es aquel que ha sido modificado en el laboratorios con técnicas sofisticadas donde se mezclan con otras especies , como bacterias, o especies animales, creando maíces que nunca antes podrían existir en la naturaleza, pues se mezclan con otras especies y eso los agricultores no pueden hacerlo. Son además distintos a los maíces híbridos donde se mezclan distintas razas de maíces de forma natural.

¿Qué efectos puede ocasionar en el organismo el consumir maíz o un producto derivado de este, alterado?
Se han efectuado experimentos en animales dándoles de comer maíces transgénicos. Existe evidencia de daños en sus órganos internos como hígado, riñones, intestinos, perdida de peso, esterilidad, vejez acelerada, retraso en crecimiento, y un aumento en la tasa de mortalidad. Por ejemplo una publicación del efecto del maíz Bt Mon 863 en ratas, estas presentaban un aumento de los glóbulos blancos de la sangre, caída de glóbulos rojos inmaduros, disminución del peso del riñón, aumento del azúcar en la sangre, efectos tóxicos en hígado y riñón por lo que concluyeron que el maíz transgénico MON 863 no es un producto seguro para los seres humanos.

También se ha encontrado que las personas que viven cerca de cultivos de maiz Bt, en Filipinas e India, han desarrollado severas alergias por respirar polen toxico.

Cuáles son las alteraciones genéticas que sufre el maíz?

La alteraciones mas comunes del maíz es la resistencia a plagas, donde se les incorpora un gen de bacteria, el Bacillus thuringiensis, y todo el maíz (hojas, raíces, flor, polen) es toxico y resistencia a herbicida.

Cree que la manipulación genética del maíz pueden cambiar las propiedades nutritivas de éste y de sus productos alimenticios derivados?

Así es, pues la incorporaron de genes nuevos involucra la síntesis de nuevas proteínas y cambios en el metabolismo. Por ejemplo la soya transgénica es distinta a la soya convencional, tiene menos isoflavonas que son fitoestrógenos.

Hace unos meses atrás sufrimos el fallo legal en contra de la miel chilena en Europa, al parecer las alteraciones genéticas en nuestro país abarcan silenciosamente más de un área de producción de alimentos ¿Cuál es la situación de Chile en materia transgénica?
Chile produce semillas transgénicas para exportación, especialmente maíz, soya y canola sin suficientes regulaciones que impidan la contaminación de otros cultivos
En 2010 se sembraron 13.600 ha de maíz de un total de 24. 700 ha.

En el caso que las autoridades omitan este problema y no actúen con celeridad, ¿cuál podría ser el futuro escenario?
El futuro escenario es la imposibilidad de poder producir productos sin contaminación como la miel o las semillas. Los apicultores ya están teniendo problemas con el mercado europeo por este tema, 91% de la miel exportada va a Europa, por esto la contaminación es sumamente grave para este rubro.

También se acrecentará la perdida de razas de maíz por contaminación con polen de maíz transgénico. Esos costos no son asumidos por el gobierno que autoriza estos cultivos o por las empresas semilleras que siembran estos maíces.

El peligro de cultivar organismos transgénicos radica en que la mayoría de las plantas se reproducen intercambiando polen entre miembros de su misma especie y con algunos parientes silvestres. Esta forma de reproducción es la que puede provocar la contaminación genética, ya que al implantar organismos transgénicos en el medio ambiente, se libera al mismo tiempo el polen transgénico y no se sabe qué le puede suceder a los insectos polinizadores o a las abejas cuando consuman miel de una planta que produce su propio insecticida.
http://www.radiotierra.com/node/3969

sábado, 15 de octubre de 2011

La re­vo­lu­ción trans­gé­nica y más bio­tec­no­lo­gía por venir


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De cuando la co­mida dejó de ser lo que siem­pre ha­bía sido… o cómo se in­dus­tria­li­za­ron los alimentos…
lo ex­plica muy bien la lla­mada «Re­vo­lu­ción Verde», y sus gran­des in­ven­cio­nes para eli­mi­nar el ham­bre en el mundo. La se­lec­ción ge­né­tica, los mo­no­cul­ti­vos y la uti­li­za­ción ma­siva de pes­ti­ci­das, her­bi­ci­das y fer­ti­li­zan­tes sen­ta­ron las ba­ses de un mo­delo pro­duc­tivo en el que la rica y fér­til va­rie­dad de se­mi­llas fue sus­ti­tuida por el mo­no­po­lio de los OGM, or­ga­nis­mos ge­né­ti­ca­mente modificados.


Los trans­gé­ni­cos.

Maíz in­sec­ti­cida

Maíz trans­gé­nico Bt de Monsanto.
  • Lo «cru­za­ron» con una bac­te­ria [Ba­ci­llus thu­rin­gien­sis (Bt)] para que pro­du­jera una proteína.
  • Esa pro­teína mata al gu­sano ba­rre­na­dor: el prin­ci­pal pro­blema del maíz.
  • Pero per­ju­dica a otros in­sec­tos be­ne­fi­cio­sos que ayu­dan con­tro­lar otras plagas.
  • Se acu­mula en los sue­los de cul­tivo, re­du­ciendo su fertilidad.
So­bre su in­ca­pa­ci­dad para eli­mi­nar el ham­bre en el mundo se al­ber­gan ya po­cas du­das, a pe­sar de que al­gu­nas vo­ces acre­di­ta­das, ame­na­zan con que gran­des desas­tres aso­la­rán a la hu­ma­ni­dad si una nueva re­vo­lu­ción verde trans­gé­nica no se rea­liza. Lo que más que una ame­naza es una pe­li­grosa reali­dad, es que ac­tual­mente se di­se­ñan cul­ti­vos para para ser fu­mi­ga­dos. Enca­sos tan ejem­pla­res como el del maíz, es el pro­pio ce­real el que fun­ciona como tal in­sec­ti­cida, ani­qui­lando toda po­si­bi­li­dad de vida a su alrededor.

Maíz re­sis­tente a herbicidas

Maíz trans­gé­nico HT, fa­bri­cado por Mon­santo y por Bayer.
  • Es to­le­rante a her­bi­ci­das em­plea­dos para evi­tar hier­bas ad­ven­ti­cias que com­pi­ten con el maíz.
  • Pero las plan­tas ter­mi­nan ha­cién­dose re­sis­ten­tes, te­niendo que au­men­tar el uso de agrotóxicos.
  • Y el glu­fo­si­nato de amo­nio, pre­sente en el maíz T25 de Ba­yer, es de alto riesgo para los ma­mí­fe­ros (Au­to­ri­dad Eu­ro­pea para la Se­gu­ri­dad de los Alimentos).
Desde que los trans­gé­ni­cos apa­re­cie­ron son mu­chos los es­tu­dios que han in­ves­ti­gado los po­si­bles per­jui­cios que es­tos pro­duc­tos pue­den pro­vo­car, la cues­tión es su fia­bi­li­dad. Se­gún la Re­vista En­vi­ro­men­tal Scien­ces Eu­rope, lo que ex­plica que la ma­yo­ría de los ali­men­tos trans­gé­ni­cos pa­sen to­dos lo con­tro­les es pre­ci­sa­mente la corta du­ra­ción del tiempo de me­di­ción de los efec­tos, en­tre 30 y 90 días, en los es­tu­dios que se lle­van a cabo, y ade­más son fi­nan­cia­dos por las pro­pias cor­po­ra­cio­nes que con­tro­lan este mercado.

Las pa­ten­tes.

A par­tir de 1930 se con­ce­dió a los agri­cul­to­res la po­si­bi­li­dad pa­ten­tar se­res vi­vos, pero sólo du­rante una ge­ne­ra­ción. Es en los años ’70 cuando un in­ge­niero que tra­ba­jaba para la Ge­ne­ral Elec­trics, con­si­gue que se le per­mita pa­ten­tar una bac­te­ria abriendo la puerta a la pa­tente de la vida.

Cuando la in­dus­tria de los pes­ti­ci­das com­pró la in­dus­tria de las se­mi­llas, se co­men­za­ron a pa­ten­tar tanto las mo­di­fi­ca­das como las no mo­di­fi­ca­das. El único lí­mite fue que no es­tu­vie­ran pre­via­mente pa­ten­ta­das. La con­se­cuen­cia in­me­diata el mo­no­po­lio del mer­cado ali­men­ta­rio, ya que una vez pa­ten­ta­das han ido re­ti­rando de cir­cu­la­ción to­das aque­llas va­rie­da­des no de­pen­dien­tes de los pes­ti­ci­das y fertilizantes.
Se­gún el Grupo ETC, a prin­ci­pios de la dé­cada de los ’80 exis­tían en el mundo más de 7.000 em­pre­sas se­mi­lle­ras que pro­du­cían para el mer­cado co­mer­cial; nin­guna de ellas lle­gaba al 1% del mer­cado. Al­gu­nos datos:
  • De las mi­les de com­pa­ñías de se­mi­llas e ins­ti­tu­cio­nes pú­bli­cas de me­jo­ra­miento de cul­ti­vos que exis­tían treinta años atrás, ahora sólo que­dan diez trans­na­cio­na­les que con­tro­lan más de dos ter­cios de las ven­tas mun­dia­les de se­mi­llas que es­tán bajo pro­pie­dad intelectual.
    Mapa que muestra el nivel de penetración de los transgénicos en el planeta.
    Pe­ne­tra­ción de los trans­gé­ni­cos en el mundo.
  • De las do­ce­nas de com­pa­ñías de pla­gui­ci­das que exis­tían hace treinta años, diez con­tro­lan ahora apro­xi­ma­da­mente el 90% de las ven­tas de agro­quí­mi­cos en todo el mundo.
  • De unas mil em­pre­sas bio­tec­no­ló­gi­cas emer­gen­tes hace 15años, diez tie­nen ahora los tres cuar­tos de los in­gre­sos de esa industria.
  • Y seis de los lí­de­res de las se­mi­llas son tam­bién seis de los lí­de­res de los pla­gui­ci­das y la biotecnología.
  • En los últi­mos treinta años, un pu­ñado de com­pa­ñías ga­na­ron el con­trol de una cuarta parte de la bio­masa anual del pla­neta (cul­ti­vos, ga­nado, pesca, etc.) que fue in­te­grada a la eco­no­mía del mer­cado mundial.
Esto sig­ni­fica, en la prác­tica, dar a las cor­po­ra­cio­nes el po­der de con­tro­lar el desa­rro­llo de la vida en la Tie­rra. Por­que quien con­trola las se­mi­llas con­trola la co­mida y por tanto la vida.

Mo­ra­to­ria Trans­gé­ni­cos… o la ba­lada de los lobbys.

El pa­sado año, tras doce de mo­ra­to­ria, la UE au­to­rizó en Eu­ropa cinco or­ga­nis­mos ge­né­ti­ca­mente mo­di­fi­ca­dos, uno co­rres­ponde a una va­rie­dad de pa­tata, teó­ri­ca­mente para usos in­dus­tria­les; y más re­cien­te­mente la UE quiere im­por­tar maíz y soja trans­gé­ni­cos con una pe­queña can­ti­dad de otros trans­gé­ni­cos que ni se han ana­li­zado ni se han apro­bado en la UE. Son ejem­plos cla­ros de lo que viene siendo un pro­lon­gado co­que­teo en­tre la in­dus­tria y la política.
Un ejem­plo es el caso es­pa­ñol. Cris­tina Gar­men­dia, la Mi­nis­tra de Cien­cia e In­no­va­ción, ha sido pre­si­denta de «ASE­BIO» —el lobby pro­trans­gé­nico más po­tente de Es­paña fi­nan­ciado, en­tre otras gran­des mul­ti­na­cio­na­les del sec­tor, por Mon­santo—, es fun­da­dora de la em­presa «Ge­ne­trix» que aglu­tina a mu­chas de las com­pa­ñías es­pa­ño­las de bio­tec­no­lo­gía, y pre­si­denta de la fun­da­ción «In­bio­med» (fi­nan­ciada con di­nero pú­blico) de­di­cada a la in­ves­ti­ga­ción ge­né­tica con fi­nes farmasanitarios.
De aquí hasta abajo, pa­sando por Di­rec­to­res Ge­ne­ra­les, Je­fes de Ga­bi­nete, cien­tí­fi­cos del CSIC, etc. se ex­plica el por qué del gran afán de la In­dus­tria so­bre la sa­lud y la ali­men­ta­ción de las per­so­nas y su nuevo es­ce­na­rio, la bio­tec­no­lo­gía, ac­tual­mente con­ver­tida en “in­ge­nie­ría ge­né­tica extrema”.
Como to­das las bio­cien­cias está im­pul­sa­das por la tec­no­lo­gía de la in­for­ma­ción o la bio­in­for­má­tica– aná­li­sis del ma­te­rial bio­ló­gico a tra­vés de la compu­tación. Sólo com­pren­diendo el con­cepto de con­ver­gen­cia en­tre tec­no­lo­gías y ca­pi­tal se puede ob­te­ner una idea apro­xi­mada de la di­men­sión del po­der cor­po­ra­tivo. Esta con­fluen­cia está dando lu­gar a acuer­dos glo­ba­les en­tre mer­cado y go­bier­nos para con­quis­tar los dos ter­cios de bio­masa que aun que­dan por mercantilizar.
Mien­tras tanto los gi­gan­tes de la ge­né­tica agroa­li­men­ta­ria di­cen que si la agri­cul­tura se ve ame­na­zada por con­di­cio­nes cli­má­ti­cas ex­tre­mas lo que ne­ce­si­ta­mos son «ge­nes re­sis­ten­tes» que pue­dan so­por­tar­las. Y en lu­gar de cues­tio­nar o cam­biar las es­truc­tu­ras que pro­vo­can y en­quis­tan la po­breza y la de­sigual­dad, mu­chos go­bier­nos con­ti­nuan si­tuán­dose del lado de las em­pre­sas para re­for­zar las mis­mas po­lí­ti­cas que las cau­san. (Fuente: Grupo Etc)

El nuevo escenario.

La bio­tec­no­lo­gía es la tec­no­lo­gía ba­sada en la bio­lo­gía, es­pe­cial­mente usada en agri­cul­tura, far­ma­cia, cien­cia de los ali­men­tos, me­dioam­biente y medicina.
Den­tro de ella existe: la bio­tec­no­lo­gía roja, la blanca la verde y la azul. La roja es la que se re­fiere a pro­ce­sos mé­di­cos, nue­vos fár­ma­cos. La verde la que se re­fiere a pro­ce­sos agrí­co­las, como los tras­gé­ni­cos. La re­la­ción en­tre am­bas es de su­po­ner si se tiene en cuenta que seis de las gran­des far­ma­ceú­ti­cas han ad­qui­rido y creado em­pre­sas de semillas.
Se­gún Gre­gory Stock, bio­fí­sico y em­pre­sa­rio de bio­tec­no­lo­gía, in­vi­tado re­ciente en el pro­grama de di­vul­ga­ción cien­tí­fica Re­des:
«Es im­por­tante que com­pren­da­mos la enor­mi­dad de los cam­bios que es­tán ocu­rriendo hoy en día para dar­nos cuenta del tipo de trans­for­ma­ción que va­mos a pre­sen­ciar,
por­que real­mente es­ta­mos en un mo­mento de tran­si­ción, y no so­la­mente es un mo­mento de tran­si­ción en la his­to­ria de la hu­ma­ni­dad; es un mo­mento de tran­si­ción en la his­to­ria de la vida… em­pe­za­mos a con­tro­lar los pro­ce­sos de la vida y em­pe­za­mos a con­tro­lar nues­tro pro­pio fu­turo evolutivo».
A con­ti­nua­ción y por re­su­mir una cues­tión de na­tu­ra­leza tan com­pleja es de re­sal­tar lo que Stock ar­gu­menta en fa­vor de las apli­ca­cio­nes de la biotecnología:
«Pen­sando en cier­tos ti­pos de in­ter­ven­cio­nes far­ma­co­ló­gi­cas, (como el pro­zac) sin duda es me­jor te­ner un buen amigo. Pero tam­bién es ver­dad que las in­ter­ven­cio­nes ac­tua­les son bas­tante ru­di­men­ta­rias: pro­vo­can mu­chos efec­tos se­cun­da­rios y no aca­ba­mos de en­ten­der to­da­vía nues­tro fun­cio­na­miento, el fun­cio­na­miento del ce­re­bro hu­mano, de la mente hu­mana… pero con­forme va­ya­mos ad­qui­riendo esos co­no­ci­mien­tos todo cam­biará; creo que lo­gra­re­mos crear cóc­te­les de fár­ma­cos que re­crea­rán cier­tos es­ta­dos emo­cio­na­les desea­bles. ¡Y eso sí que será un reto enorme! Ahora de­ci­mos que es me­jor te­ner un amigo, ¿pero qué pa­sa­ría si pu­dié­ra­mos to­mar una pas­ti­llita que nos lo diera todo, to­das las sen­sa­cio­nes be­ne­fi­cio­sas que nos da un amigo… y fuera fa­ci­lí­sima de to­mar, sin las mo­les­tias de for­jar una amis­tad o lo que sea?».
¿A al­guien le re­cuerda esto a «Un mundo fe­liz» de Al­dous Huxley?.
Fuente: http://cusamaco.eu/?p=2761