viernes, 24 de febrero de 2012

“No podemos atribuir la presunción de inocencia a las sustancias químicas”



Por Gloria Valdivia

Anna Boluda entrevista a Héctor Gravina, responsable de tóxicos de la ONG Alternativa Verda, experto en alimentación y agricultura ecológica sobre el desafío que suponen las nuevas tecnologías alimentarias publicada en Inspira.



La foto es de Héctor Gravina

Héctor Gravina ha estado vinculado con el movimiento ecologista desde hace casi 30 años, es responsable de tóxicos de la ONG Alternativa Verda y experto en alimentación y agricultura ecológica. Recientemente, ha sido autor de un artículo sobre el desafío que suponen las nuevas tecnologías alimentarias, dentro de la publicación “Contaminants emergents” (en catalán) de la Diputació de Barcelona, en el que plantea los problemas que se derivan del marco regulador actual de las sustancias químicas, y la posibilidad de funcionar de otra manera más segura. De todo eso hemos hablado con él, para saber más sobre los llamados “Paradigma del riesgo” y “Principio de precaución”.

“El sistema productivista de los alimentos afecta a la calidad de lo que comemos”, nos explica. “Y no sólo respecto al gusto, también respecto a la calidad de la nutrición”. Eso, en parte, a causa de la alteración de los ritmos de crecimiento: hacer que un pollo esté listo para el consumo en 55 días, en vez de los ocho meses que tarda uno de corral, por poner un ejemplo. Pero también por la aplicación de sustancias químicas y de nuevas formas de producir, desde los pesticidas a la modificación genética (alimentos transgénicos) o a la nanotecnología.

El paradigma del riesgo

Como base de todo esto, es necesario entender cómo se autorizan las sustancias químicas –más de 70.000 en total, según se estima- cuando se lanzan al mercado: tanto la regulación de la seguridad alimentaria como de la contaminación ambiental se basan, desde los años 70, en el llamado “paradigma del riesgo”. Ya que es imposible de probar el riesgo cero, se hacen unos estudios para tratar de determinar la probabilidad de efectos secundarios negativos y, sobre eso, las autoridades establecen si se pueden comercializar o no, en qué dosis se pueden administrar y cómo se deben tratar para ser ‘aceptables’. “El problema”, en palabras de Héctor Gravina, “es que estos análisis se hacen buscando unos ciertos efectos concretos y no se tiene en cuenta que podría haber otros.

Tampoco queda claro con certeza qué puede pasar con exposiciones acumuladas a lo largo del tiempo, ni qué pasa cuando se combinan unas sustancias químicas con otras. Además, buena parte de las pruebas se hacen con ratones, lo que no asegura que el comportamiento tenga que ser exactamente igual en las personas: una sustancia puede resultar inocua en animales y no en seres humanos. Y los análisis los hacen las propias empresas productoras, y las características de las nuevas sustancias no se hacen públicas, porque son secreto comercial”. Aún así, estas son las pruebas en las que se basan las autorizaciones, nos dice.

Es decir que, en el fondo, se presupone que toda sustancia química es ‘inocente’ mientras no se pueda demostrar lo contrario. “La presunción de inocencia”, dice Gravina, “es un principio jurídico que se aplica a las personas, pero no se puede extrapolar mecánicamente a los productos, no se puede aplicar a las sustancias químicas”. Con este funcionamiento “la sociedad es la que está sufriendo las consecuencias, somos nosotros los que servimos para comprobar si las sustancias tienen efectos nocivos o no, y cuando lo vemos, ya es demasiado tarde”. Y eso es así porque “nos planteamos hasta cuánta cantidad de daño es seguro, en lugar de preguntarnos cuál sería el menor daño posible”.

El “principio de precaución”

Héctor Gravina, ante esta situación, plantea la posibilidad de otra forma de funcionar basada en el “principio de precaución”. Que, de hecho, ya se recoge en el Tratado de Maastrich de 1992, pero que no se está aplicando como se preveía, según nos dice. “El principio de precaución es, simplemente, prevenir antes de curar. Es decir, si un producto o una sustancia presenta dudas razonables sobre su seguridad, no se pone en el mercado. Es necesario plantearse si la sustancia en cuestión es realmente necesaria, si hay alternativas más seguras, y si las consecuencias que puede comportar compensan las ventajas que proporciona. Y no lanzarla hasta que se pueda demostrar que no causará ningún peligro serio”. En el fondo, se trata de aplicar criterios más estrictos, como ya se hace en el ámbito farmacéutico, a todo tipo de sustancias químicas que “no lo olvidemos, están presentes en todas partes, desde los alimentos a la ropa, pasando por los biberones o el asfalto de las carreteras”.

Eso es lo que, según Gravina, se debería haber hecho por ejemplo con los organismos modificados genéticamente (los llamados ‘alimentos transgénicos’), que a pesar de la oposición de buena parte de la población europea, han sido autorizados. “Todavía sabemos muy poco de los efectos que pueden tener. Y el problema es que, si se demuestra que son nocivos, será muy tarde para pararlos”, afirma.

Minimizar la exposición a las sustancias químicas
Para conseguir este cambio de funcionamiento, dice el ecologista, “hace falta un cambio social, un cambio de mentalidad global, que incluye dejar de pensar en el crecimiento continuado como la única manera de vivir; tenemos que ver que con menos puede que estemos mejor, y ser conscientes de los límites de la naturaleza y cómo nos afecta a la salud. No será fácil ni rápido, pero creo que los movimientos sociales del año pasado en todo el mundo comienzan a mostrar que nos encaminamos hacia eso, hacia esta transformación profunda”.

Mientras tanto, además, podemos tratar de reducir nuestra exposición, y la de los más pequeños, a algunas sustancias químicas, sobre todo respecto a lo que tiene que ver con la alimentación. “La clave es una vida más simple. Bajar el ritmo y volver a dedicar tiempo a cocinar productos de temporada comprados en el mercado, a poder ser de agricultura ecológica y de producción local, y dejar de lado los productos congelados y precocinados”. Hay muchas más ideas en la guía ‘Sense lloc on amagar-nos’ (en catalán), editada por la ONG Alternativa Verda y que recoge ejemplos también respecto a la cosmética y los productos de limpieza, como sustituir los champús por infusiones de algunas plantas o usar vinagre o limón para quitar manchas. En muchos casos las alternativas son fáciles y, con frecuencia, más baratas. No cuesta nada probarlas.

¿Y QUÉ PUEDO HACER YO?

Dejar de pensar en el crecimiento continuado como la única manera de vivir; tratar de ver lo que realmente necesitamos y ser consciente de los límites de la naturaleza y cómo nos afecta a la salud.
Dedicar tiempo a cocinar productos de temporada comprados en el mercado, a poder ser de agricultura ecológica y de producción local, y dejar de lado los productos congelados y precocinados.
Sustituir los champús por infusiones de algunas plantas o usar vinagre o limón para quitar manchas.

Fuente: http://www.canalsolidario.org/noticia/no-podemos-atribuir-la-presuncion-de-inocencia-alassustanciasquimicas/28535utm_medium=email&utm_campaign=boletin&utm_source=semanalCSO

miércoles, 22 de febrero de 2012

Aseguran que planta de jardín es venenosa




Varios expertos en plantas como Juan Manuel Moreira aseguran que la planta Dieffenbachia, más conocida como Millonaria, tiene toxicos mortales.




Sábado, 18 Febrero 2012 00:01
eldiario.com.ec
El elemento tóxico que contiene la planta en su sabia es el ácido oxálico, una sustancia dañina. "Este ácido es tan fuerte que se lo utiliza para elaborar blanquadores y quita sarros", indicó Moreira.

La sabia de la Millonaria puede causar la muerte sólo si es ingerida. "Esta sustancia provoca que las células y la pared del estómago se destruyan", dijo Moreira y explicó que en caso de tener contacto con la piel provoca comezón.



Medicina. 
 Moreira indicó que en caso de emergencia, la persona que haya ingerido una leve sustancia de este tóxico debe inyectarse una atropina o comer carbón vegetal e ir al médico con urgencia.

La Millonaria es una planta ornamental, utilizada con frecuencia en oficinas y casas, por ello es importancia que los dueños de estas plantas tengan cuidado.

Como medida de prevención se recomienda usar guantes de caucho al momento de tocarlas.



Especies. Según Moreira, existen alrededor de 68 especies. Entre ellas están las Maculatas, Seguine y Mariana. <

Ahorrar energía será más barato que afrontar epidemias, pandemias o desastres naturales



Publicado por Marta Rosés el 7 de febrero del 2012.



Dr. Aaron Bernstein

Aaron Bernstein es director del curso Human Health and Global Environmental Change de la Harvard School of Public Health , de la Harvard Medical School y pediatra del Children’s Hospital Boston.

Hablar del Dr. Aaron Bernstein no es hacerlo de un científico desconocido, ya que afortunadamente la Fundació Roger Torné ha tenido la oportunidad de poder contar con su colaboración inestimable y su presencia en más de una ocasión. Cabe recordar que tuvimos la suerte de poder escucharlo durante las II Jornadas de Salud Infantil y Medio Ambiente que tuvieron lugar en el mes de noviembre de 2010 en CosmoCaixa Barcelona y cuya entrevista puede leerse en nuestro blog.

Catorce meses después hemos vuelto a contar con su participación en la III Jornada de Salud Infantil y Medio ambiente, que en esta ocasión se celebró en CaixaForum Madrid el pasado 26 de enero. Y es por ello que Inspira no ha querido perder la oportunidad de volver a conversar con uno de los principales expertos mundiales en cambio climático y salud infantil, quien sigue afirmando, con total rotundidad, que el cambio climático ha comenzado a afectar a la salud de los niños y niñas porque afecta a la calidad del aire y a la disponibilidad de alimentos.

El Dr. Bernstein es un hombre cercano, amable y que se reconoce como amante del arte, de la arquitectura y un apasionado de su trabajo. Antes de contestar a nuestras preguntas se toma unos segundos de tiempo, pero cuando lo hace es con total seguridad y convicción: “En estos momentos una parte muy importante de mi labor es analizar la dimensión que está tomando, en la naturaleza, los efectos del cambio climático y cómo influyen en la salud humana. Creo que los científicos debemos mostrar y demostrar con cifras lo que está ocurriendo, pero también debemos ser positivos y explicar que las propias tecnologías y los avances científicos son elementos que pueden ayudarnos, tanto a nuestra adaptación a dichos cambios como a evitarlos en lo posible. Actualmente la tecnología nos permite crear instrumentos y productos que favorezcan el medio ambiente. En Estados Unidos, los datos demuestran que cuando los científicos intentamos explicar lo que ocurre, inmediatamente se generan tendencias de opinión de rechazo y anticientíficas, es un problema cultural, por tanto es mejor que nuestro papel a la hora de divulgar nuestros hallazgos sea el de mostrar que hay maneras de vivir y de crear riqueza sin incrementar la contaminación. Hay que demostrar que mejorar las emisiones de carbono puede ahorrar dinero y generar riqueza, porque es imprescindible que ahorremos energía”.



Aaron Bernstein durante su ponencia

En la primera entrevista que concedió a Inspira usted, a pesar de todo, se definía como optimista. ¿Después de la reunión de Durban sigue estándolo? ¿Considera que la crisis económica mundial es un elemento que no ayuda a que los Estados inviertan en controlar el medio ambiente?

Evidentemente el resultado de la reunión de Durban no ha sido positivo, pero insisto en que no se puede esconder la realidad, y esta demuestra que existe un serio riesgo para la producción de alimentos a escala mundial que provocará un aumento de la malnutrición. Así mismo, estamos cambiando la distribución de las temperaturas y la temperatura media del planeta está creciendo, provocando contaminación y deshidratación, que es un grave perjuicio para los niños y niñas con problemas de asma. También el incremento de CO2 en la atmósfera eleva el nivel de polen, lo que dispara las alergias. Cada vez se van incrementando más las probabilidades de olas de calor y, con ellas, enfermedades diversas. Está demostrado que los acontecimientos extremos como las sequias, inundaciones y olas de calor tienen efectos negativos sobre la salud humana, tanto física como psíquica, y ocurren un mayor número de homicidios y suicidios.

Tampoco la crisis económica favorece el control del medio ambiente, pero puede ser una oportunidad para que sectores del sistema productivo no contaminante puedan generar negocio y riqueza. Los gobiernos han de ser conscientes de que hay que modificar los planteamientos económicos en relación a las medidas de protección del medio ambiente, y darse cuenta de que ahorrar energía será más barato que afrontar cualquier epidemia, pandemia o desastre natural, factores que cada vez son más probables.

¿Como ve la situación medioambiental en España?

El año 2011 fue el más cálido en España desde que se registran las temperaturas. Así mismo, las previsiones indican que sequías como las que hubo en España en los años 2004 y 2008 serán más probables y comunes a finales de este siglo. Esto puede provocar escasez de agua dulce, enfermedades y desnutrición.

Hay que disminuir los niveles de contaminación de todas las ciudades, y no me refiero solo a España. Actualmente se pueden construir edificios con materiales y técnicas que contaminen menos y las ciudades deben tener el mayor número posible de espacios verdes. Hay que plantar árboles y plantas porque hacen bajar la temperatura. Insisto en que nuestra sociedad ha de saber compaginar la economía con el control del cambio climático, porque si no lo hacemos no seremos sostenibles. También debemos tener en cuenta que la capacidad de adaptación de la sequía, inundaciones, calor o cualquier efecto relacionado con el clima, es directamente proporcional a la riqueza, por tanto afectará más a las naciones más pobres.



Dr. Bernstein durante la entrevista

¿Cómo valora las jornadas sobre Salud Infantil y Medio Ambiente organizadas por la Fundació Roger Torné?

Creo que la Fundació Roger Torné está haciendo una gran labor de divulgación y de concienciación. Yo la valoro muy positivamente y tengo que decir que no he conocido ninguna otra fundación que sepa unir la parte científica, mediante jornadas como esta, entre otras cosas, y a la vez desarrollar toda una intensa labor para hacer llegar a la sociedad los conocimientos científicos que indican lo que está ocurriendo, en aspectos tan vitales como el cambio climático, la contaminación y las consecuencias de todo ello en la salud infantil. Uno de los aspectos que me parece muy positivo del trabajo que llevan a cabo es que ofrece a las familias argumentos, actitudes y soluciones que pueden aplicarse en la vida cotidiana. Creo que están desarrollando una buena labor social y espero que sigan haciéndola en el futuro.

Si me permite me gustaría terminar esta charla diciéndole que desgraciadamente la cultura occidental ha diferenciado nuestra vida de la naturaleza y la naturaleza nos recuerda que somos parte integral del tapiz de la vida. El cambio climático pone en riesgo la salud de todas las personas, pero especialmente la de los niños y niñas, y los gobiernos deben entender que la protección del clima de nuestro planeta tiene que ser la principal acción de prevención en el ámbito de la salud pública del siglo XXI.

Fuente: http://www.fundrogertorne.org/salud-infancia-medio-ambiente/divulga/inspira-nuevo/2012/02/07/ahorrar-energia-sera-mas-barato-que-afrontar-epidemias-pandemias-o-desastres-naturales/#more-4641

martes, 21 de febrero de 2012

La basura tóxica del mar se sirve fría en su mesa



Los océanos están saturados de residuos sintéticos altamente nocivos. Los microplásticos entran en la cadena alimentaria de los animales marinos
JAVIER SALAS Madrid 19/02/2012 08:00 
 Desechos plásticos flotan en aguas del océano Índico.-
Desechos plásticos flotan en aguas del océano Índico.-PLASTIC OCEANS FOUNDATION

A mediados del siglo XX, cuando comenzó la producción industrial de objetos de plástico, imaginaban un futuro utópico en el que este material librara al planeta de sus problemas: "El hombre del plástico vivirá en un mundo de coloridas y brillantes superficies, donde las manos de los niños no encontrarán nada que romper, sin bordes afilados ni esquinas cortantes, en el que no habrá grietas o recodos donde se refugien la suciedad o los gérmenes", escribieron en 1941 los químicos Victor Yarsley y Edward Couzens en su libro Plásticos, convencidos de la revolución que traerían los materiales sintéticos.

Por aquel entonces, la producción global no alcanzaba el millón de toneladas anuales de útiles plásticos. Hoy, cuando se generan más de 300 millones al año, la ciencia que estudia los mares revela cada día que esa fábula luminosa y aséptica se ha convertido en una distopía más propia de una ficción apocalíptica. El sueño de aquellos químicos ha tomado forma de pesadilla al advertirse cómo los océanos se están inundando con basura de la mejor calidad, esa que flota durante siglos entre algas, tortugas y peces.

Unas 260 especies marinas consumen estos materiales venenosos

Los plásticos han convertido regiones oceánicas enteras en tazones de "sopa con tropezones", en palabras de los expertos de la Fundación Alga-lita, dedicada desde hace tres décadas a la investigación de los residuos marinos. Un gaz-pacho sintético en el que se mezclan bolsas de supermercado, redes de pescadores, botellas... Y trozos milimétricos que algún día fueron un juguete o un electrodoméstico y que se han troceado y degradado hasta convertirse en uno de los problemas emergentes de este salmorejo tóxico: los llamados microplásticos, cuyo impacto real en animales y en personas todavía se está investigando.

El fundador de Algalita, el capitán Charles Moore, fue de los primeros en llamar la atención sobre esta negativa consecuencia del desarrollo industrial del consumismo. A la vuelta de un viaje entre Hawái y California, relató cómo su catamarán tuvo que abrirse pasó por un "interminable mar de basura", esencialmente plásticos. Y es que, según la mayoría de los cálculos, más del 80% de la cochambre que navega sobre la superficie de los mares es de este material. A partir de su relato, se extendió la idea de que existía una isla de plástico gigante nadando en el Pacífico, y que tenía el tamaño del estado de Texas. Aunque la historia de Moore consiguió llamar la atención sobre el uso y desecho masivo e innecesario de objetos plásticos, la realidad es que no existe tal isla.

Uno de los más importantes oceanógrafos del mundo, Carlos Duarte, explica que lo que sí hay en el Pacífico Norte, bailando sobre las aguas entre Hawái y Alaska, es una región de unos 200 kilómetros de diámetro, con una notable abundancia de material plástico. En esencia, se compone de restos de filamentos de redes de pesca sintéticas, que arrastran y acumulan importantes cantidades de trozos de plástico descompuestos en la mar salada y cocidos al sol. "El término isla de plástico no refleja en absoluto lo que se ha encontrado, que no es visible a ojo desnudo, pero que sí se aprecia si se arrastra una red de plancton", explica el investigador español del CSIC.

El 9% de los peces del Pacífico Norte tiene plástico en sus estómagos

Según Duarte, las acumulaciones se producen en las zonas de convergencia donde se juntan dos masas de agua o dos sistemas de corrientes superficiales, que tienden a acaparar partículas flotantes. "Los plásticos se acumulan porque sus tiempos de degradación en el océano son muy largos, de más de cien años", afirma. Durante sus trabajos circunnavegando el globo a bordo del Hespérides para la Expedición Malaspina, su equipo encontró una mancha de basura sintética similar "en el Atlántico Sur, cerca de las costas africanas".

"Se caracterizan porque hay una mayor abundancia de fragmentos de plástico que de plancton", describe Duarte. La comparación con el plancton sirve para señalar la gravedad del problema. En el mar de inmundicias del Pacífico Norte, la proporción entre materiales plásticos y el zooplancton (organismos microscópicos) era de 6 a 1 en 1999. En las dos décadas siguientes, la ratio se disparó hasta 26 frente a uno a favor del material artificial. Más allá del daño que estos residuos causan en la fauna marina, como estrangulamientos o laceraciones, las últimas investigaciones sobre los microplásticos señalan un peligro mucho mayor y que afecta directamente a las personas.

Como explica uno de los mayores expertos en la materia, Matthew Cole, son muchos los organismos marinos que consumen estas pequeñas piezas, de menos de cinco milímetros. "Al ingerirlos, animales marinos como moluscos, gusanos y peces acumulan importantes cantidades de contaminantes tóxicos en sus organismos", señala el investigador de la Universidad de Exeter. Se han hallado restos de estos materiales sintéticos en 260 especies marinas y, en la zona del Pacífico Norte, el 9% de los peces tenían plástico en sus estómagos.

Se ha descubierto que el zooplancton también se alimenta con estos desechos

Veneno en el menú

Cole asegura que su trabajo actual está demostrando que incluso el zooplancton es capaz de consumir estos materiales tóxicos. Al ser la base de la pirámide alimenticia marina, ese veneno plástico contamina toda la cadena alimentaria hasta alcanzar, finalmente, a las personas. El siguiente paso será descubrir cómo afecta a la salud este bumerán de plástico servido en nuestras mesas. Estos compuestos tóxicos pueden provocar importantes daños, desde alteraciones en el sistema inmune hasta anomalías en el desarrollo de los niños.

Mientras se analiza cómo nos lastimamos con nuestros propios desperdicios, se han lanzado varias campañas globales para tratar de limpiar los mares. "La solución definitiva es la prevención, conseguir que dejen de llegar estos restos al mar", resume Carey Morishige, coordinadora del programa de desechos marinos de la NOAA (la agencia del Gobierno de EEUU para investigar los mares y la atmósfera). Según explica, han calculado que serían necesarios 68 barcos de cien metros de eslora trabajando durante todo un año para limpiar el 1% de la sopa con tropezones del Pacífico Norte. Duarte coincide con las conclusiones de NOAA: "Sólo hay una solución: usar menos cantidades de materiales plásticos. Bien porque se recupere una mayor cantidad del que se usa o porque además se reemplacen los materiales actuales por materiales biodegradables". Esta solución sólo se logrará si el monofilamento de las redes se prohíbe por la Convención de Londres, que regula los desechos marinos.

http://www.publico.es/ciencias/422793/la-basura-toxica-del-mar-se-sirve-fria-en-su-mesa-planetatierra

miércoles, 15 de febrero de 2012

Aficiones con riesgo de cáncer


El bricolaje, el modelismo o la pintura incrementan casi tres veces el riesgo de padecer cáncer de pulmón

P.TOIMIL / SANTIAGO
Día 15/02/2012






Aficiones en principio triviales como el bricolaje, el modelismo o la pintura pueden llegar a incrementar el riesgo de padecer cáncer de pulmón en un futuro. Así lo aseguran investigadores de la USC en un estudio en el que afirman que el riesgo se multiplica por tres debido a una exposición continuada a disolventes orgánicos, barnices, polvo de madera o colas, todas ellas substancias cancerígenas cuando el tiempo de exposición es duradero.

El estudio, el primero publicado en este ámbito, se realizó con 990 individuos, 442 con cáncer pulmonar y 548 sin él, ingresados en el Hospital Clínico Universitario de Santiago y en el Complejo Hospitalario Universitario de Ourense. La muestra certificó que las personas que todavía no padecían esta enfermedad la acababan desarrollando al entrar en contacto con este tipo de productos tóxicos sin ningún tipo de precaución previa.

Aun así, y aunque los datos sean categóricos, el profesor Alberto Ruano aseguró ayer a ABC que «no hay que ser alarmantes», pues la principal causa del cáncer de pulmón «sigue siendo el tabaco». De hecho, para Ruano, fumar y practicar alguna de estas actividades, incrementa el riego cancerígeno, sobre todo en las labores que conlleven la utilización del barnizado.

Por ello, el profesor recomendó que todas aquellas personas aficionadas a estos trabajos utilicen las medidas de higiene necesarias para no contraer la enfermedad. En este sentido, utilizar una mascarilla en el lugar del trabajo o una buena ventilación son claves para disminuir los índices cancerígenos de los productos tóxicos. De entre las actividades en riesgo, el estudio no revela la cantidad de individuos afectados en los diferentes campos analizados, y no contempla otro de los trabajos peligrosos: la carpintería.

El estudio, financiado por el Fondo de Investigaciones Sanitarias, confirma los resultados observados en un trabajo anterior de menor muestra publicados en la revista «Epidemiology» —una de las más prestigiosas en este ámbito y en la que también se incluyó este último— en 2002, datos que en su momento formaban parte de la tesis doctoral del profesor Ruano y Juan Miguel Barros Dios, quien firma el artículo.

Identifican residuos peligrosos en basura de casas


De acuerdo con el estudio encabezado por Neftalí Rojas en el Instituto de Ingeniería de la UNAM, existen más de 40 fuentes de desperdicios peligrosos, que pueden causar desde heridas y envenenamiento, hasta contaminación en el medio ambiente. Se trata de productos que no son de primera necesidad y para los que existen alternativas sustentables



Durante 8 días los residuos de 450 casas localizadas en el sur de la Ciudad de México y de los 21 mil 600 kilogramos recolectados, 250 correspondieron a residuos peligrosos(Foto: Cortesía Instituto de Ingeniería UNAM )

Muchos de los productos que una familia normal utiliza para sus actividades cotidianas, como el aseo personal, la limpieza de la casa, labores de jardinería, el mantenimiento del hogar o de sus vehículos, pueden contener residuos peligrosos, señaló María Neftalí Rojas Valencia, investigadora del Instituto de Ingeniería de la UNAM, quien elaboró una lista con más de 40 fuentes de estos desperdicios en las viviendas.

La doctora en ingeniería ambiental agregó que el comercio, uso, almacenamiento y desecho inapropiado de estos residuos peligrosos, puede causar heridas y envenenamientos en las personas y contaminación en el medio ambiente. Desafortunadamente, dijo, muchas personas desconocen los productos que contienen químicos peligrosos y, por lo tanto, los usan y desechan irresponsablemente.

De acuerdo con un estudio del que la especialista es autora principal, publicado en la revista internacionalSociedad Sustentable, los investigadores obtuvieron durante 8 días los residuos de 450 casas localizadas en el sur de la Ciudad de México y de los 21 mil 600 kilogramos recolectados, 250 correspondieron a residuos peligrosos.

María Neftalí Rojas, aclaró que la cantidad de desechos peligrosos podría no ser perfectamente representativa, porque la mayoría de la gente desconoce cuáles son los desechos peligrosos que usa y almacena en su hogar.

De estos, la mayor cantidad se encuentra en la cocina y la mayor diversidad se encuentra en los baños, donde los investigadores identificaron 19 diferentes productos tóxicos, corrosivos e irritantes.

Los resultados también indican que la mayoría de las personas desechan envases de plástico o vidrio con parte del contenido original, incluso en las botellas de perfume.

¿Cuáles son?

En entrevista, Neftalí Rojas señaló que los residuos peligrosos van desde las baterías, de las cuales ya se ha estimado que una sola pila AA es suficiente para contaminar de mercurio toda el agua que cabe en la Alberca Olímpica de Ciudad Universitaria, hasta productos que podrían considerarse inofensivos, como el enjuague bucal.

En la cocina, pueden encontrarse algunas de estas sustancias peligrosas, como los limpia hornos, tóxicos y corrosivos, porque contienen hidróxido sódico, hidróxido potásico y amoniaco. Otro ejemplo es el jabón líquido que, de acuerdo con la investigadora, no es más efectivo que el jabón de polvo biodegradable, pero sí más contaminante.

En otros lugares de la casa, como el baño, se encuentran productos como el tinte para el cabello, que contiene colorantes, detergentes, amoniaco, aceite mineral, plomo, fragancias y glicoles, todos ellos tóxicos.

Muchos detergentes, y otros productos tóxicos e irritantes que se usan en las viviendas, llegan a los cuerpos de agua y dañan a los peces y otros organismos que habitan ahí.

En cuanto a los restos de medicamentos, la investigadora apuntó que si las pastillas caducadas se desechan inadecuadamente, se disuelven en el drenaje y llegan a contaminar los acuíferos, estos compuestos farmacológicos son especialmente difíciles de remover. Asimismo, las jeringas desechadas inapropiadamente podrían lastimar a los pepenadores de basura y causarles enfermedades o infecciones.

Algunos objetos tecnológicos usados en el hogar como las computadoras e impresoras son también fuente de residuos tóxicos, por ejemplo, las baterías recargables o los cartuchos de impresión que contienen metales pesados.

Los fertilizantes, insecticidas, herbicidas y fungicidas y otros agroquímicos utilizados en el jardín también tienen tóxicos, principalmente compuestos organofosforados, que resultan perjudiciales no sólo para las plagas de las plantas, sino para otros organismos en los ecosistemas.

Alternativas sustentables

La lista elaborada por Neftalí Rojas Valencia no sólo identifica las fuentes de desechos peligrosos en el hogar, también propone alternativas sustentables para cada uno de estos productos, que, resaltó, no son de primera necesidad.

Muchos residuos peligrosos que se generan en las viviendas, provienen de productos de limpieza. Si tuviéramos el hábito de limpiar más frecuentemente, en muchas ocasiones solo requeriríamos de agua y jabón, subrayó.

Lo más importante, advirtió, es que la sociedad haga conciencia y reduzca en la medida de lo posible la compra de estos productos químicos, o los sustituya por algunas alternativas sustentables igual de efectivas y que además pueden ser económicas.

Rojas Valencia concluyó que es una cuestión de cambio de hábitos y que incluso acciones pequeñas como preferir aparatos que se conectan a la red eléctrica a los que operan con baterías, o usar simple jabón biodegradable en vez de complejos limpiadores especializados, constituyen un paso firme para reducir la cantidad de residuos peligrosos en las viviendas.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

Un cementerio tóxico al aire libre


Más de 2.500 toneladas de productos contaminantes se esparcen en Santa Coloma de Cervelló en los solares de una empresa abandonada que cerró en 2007

JARA LALIENA Santa Coloma de Cervelló 13 FEB 2012 - 00:46 CET5




Centenares de bidones abandonados en la empresa Massó i Carol. / MARCEL·LÍ SÀENZ
 
“Si estos bidones explotan un día, no nos dará tiempo ni a respirar”. “Es una vergüenza que tengamos esto aquí y nadie lo sepa”. Los vecinos de Santa Coloma de Cervelló (Baix Llobregat, Barcelona) llevan años clamando por el peligro que corren desde 2007, cuando cerró una empresa de productos químicos y abandonó a su suerte centenares de bidones y contenedores con toda clase de productos contaminantes. Son más de 2.500 toneladas expuestas al aire libre y sin ninguna vigilancia que los vecinos consideran una bomba de relojería.

Los vecinos temen por su seguridad y creen que esos bidones suponen, además, una amenaza para el medio ambiente, pero hasta ahora no han logrado que se retiren. El almacén contaminante tiene su origen en la empresa Massó i Carol, dedicada desde 1993 a la fabricación de sustancias empleadas como base para la elaboración de cosméticos y detergentes. En 2005 empezó su declive y dos años más tarde abandonó sus almacenes, cesó oficialmente en la actividad y se trasladó a Barbastro (Huesca) para iniciar una nueva etapa gracias a las ayudas del Gobierno aragonés.

Con el traslado, sin embargo, se desentendió de la limpieza de los residuos de la planta de Santa Coloma de Cervelló, donde viven unas 8.000 personas. El Ayuntamiento, gobernado por una coalición independiente, vendió el terreno a la promotora inmobiliaria Llave de oro, que dispone de licencia municipal de obras para construir oficinas, pero la crisis de inmobiliaria aparcó el proyecto. Mientras tanto, los vecinos llevan años quejándose de las molestias y problemas que les causan los residuos abandonados. Y, sobre todo, del peligro que corren.


La empresa contaminante está en concurso con 40.000 euros de deuda

Y es que las 2.500 toneladas de residuos están expuestas al aire libre, en una zona sin ningún tipo de restricción de paso, cercana a los acuíferos del río Llobregat, a la línea de los Ferrocarriles de la Generalitat, a los campos de cultivo, a una escuela y a decenas de viviendas. Con el paso del tiempo, además, la exposición al aire libre de los bidones y contenedores ha producido emanaciones, espumas, fugas y malos olores que cada vez se hacen más molestos. “Poco a poco vamos consiguiendo que los niños no se acerquen tanto a la zona, pero, a menudo, vemos como alguno corretea por allí como si nada. Es muy peligroso”, advierte Sergio, un vecino.

El problema se visualizó en 2009, cuando la Agencia Catalana del Agua(ACA) hizo un análisis de las aguas del Llobregat y descubrió que en algunos pozos se almacenaba agua contaminada que podría proceder de la planta de residuos de Massó i Carol. Eso desembocó en el encargo de un estudio del subsuelo, que nunca se llegó a realizar, por lo que jamás se ha aclarado si la zona estaba contaminada. Poco después, la Agencia Catalana de Residuos detectó la ilegalidad de la situación, multó a los propietarios y les instó a asumir sus obligaciones.

La Agencia Catalana de Residuos (ACR) abrió numerosos expedientes sancionadores a Massó i Carol, pero la empresa ignoró los avisos. Ante la desobediencia reiterada el caso pasó a manos de la Fiscalía de Medio Ambiente y acabó en los juzgados de Sant Boi de Llobregat. Según Margarita González Benítez, catedrática de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), militante del PSC y vecina de Santa Coloma de Cervelló, ya se han celebrado dos juicios contra la empresa y se está a la espera de la ejecución de sentencia.

Margarita González, con el apoyo de la agrupación local del PSC, presentó el pasado mes de noviembre un inventario a la ACR, detallando los productos almacenados en la finca de Massó i Carol, muchos de ellos tóxicos y nocivos, tanto para el medio ambiente como para la población. Fenol, fermol y tricloruro de fósforo son algunos de los residuos que están almacenados y que, si se inhalan o consumen, pueden resultar nocivos y, en algunos casos, pueden tener efectos cancerígenos. Otros, como el amoniaco y el ácido acético, pueden producir quemaduras, en algunos casos graves, y dificultad al respirar.


El PSC lleva el caso al Parlament y el Ayuntamiento dice que plantará árboles

“En verano, con el calor, nos escuece la garganta. Es insoportable”, explica Lourdes, una vecina de la zona que vive a escasos metros de la fábrica abandonada. Otros compuestos, como la naftalina, son inflamables y explosivos y pueden contaminar las aguas. “Si los bidones explotan, no nos dará tiempo ni a respirar. Hay gasolina incluso”, advierte la vecina.

Ante esta crítica situación, los vecinos de Santa Coloma de Cervelló, junto con el apoyo del grupo socialista, pusieron en marcha una plataforma de protesta para solucionar la situación que, según ellos, “ninguna Administración quiere afrontar”.

El caso ha acabado en el Parlament, después de la petición del grupo socialista para que se realizara de manera inmediata un estudio del terreno, se trasladasen los bidones y se analizaran las aguas subterráneas. La respuesta del Gobierno de la Generalitat fue “muy genérica”, según la diputada del PSC Eva Granados, sin que se aportaran soluciones al problema. La empresa Massó i Carol se encuentra actualmente en concurso de acreedores, con 40,000 euros de deudas. El Ayuntamiento de Santa Coloma de Cervelló, por su parte, ha decidido que, con motivo del Dia del Arbre, plantará 3 árboles y 100 plantas aromáticas, con el fin de “disimular el olor y las molestias de los residuos”. Eva Granados decidió presentar una nueva propuesta de resolución sobre el tema que está pendiente de fecha para su tramitación.

Azúcar poco "dulce"


Investigación publicada en la revista ‘Nature’

Por: Juan David Torres Duarte

El consumo excesivo de azúcar produce deficiencias cardíacas, obesidad e hipertensión. Investigadores piden controlar su distribución, como ha sucedido con el cigarrillo y el alcohol.


“La naturaleza hizo difícil encontrar el azúcar; el hombre lo hizo fácil”, dice Robert H. Lustig, investigador de la Universidad de California, en la revista Nature. Lustig lleva varios años investigando los efectos del azúcar en la salud humana. Como resultado de sus estudios, lanza una afirmación sencilla pero contundente: el azúcar es tan dañina —tan tóxica— a largo plazo como el cigarrillo y el alcohol.

El científico se fijó primero en el estilo de vida de los estadounidenses: en el desayuno, con el jarabe que riegan sobre los pancakes prueban azúcar; en el almuerzo y la comida ingieren aún más cantidades de dulce con las gaseosas, los dulces y los jugos. Lustig encontró, en segundo lugar, que el azúcar consumido en exceso provoca deficiencias en el organismo —pancreatitis, obesidad, malnutrición y disfunción hepática— y aumenta el riesgo de desarrollar anomalías cardíacas.

En el artículo, publicado junto con las investigadoras Laura A. Schmidt y Claire D. Brindis, Lustig asegura que ya es tiempo de controlar el consumo de azúcar. No es, sin embargo, el azúcar que contienen naturalmente las frutas. Lustig y su equipo se refieren a los endulzantes agregados a la comida durante los procesos de producción. Endulzantes que, como asegura el investigador en la cita con que inicia este escrito, fueron creados por el hombre.

Antes de ser procesado en los laboratorios, el azúcar no era un producto masivo. Se encontraba en la miel o las frutas. Ahora es parte esencial de la oferta alimenticia. Y ése es el primer argumento de Lustig: es casi imposible eludir su consumo.

Y como es muy difícil encontrar alimentos cuyos ingredientes no contengan azúcar, la segunda razón del investigador apunta a sus secuelas en la salud. “Un creciente volumen de evidencia epidemiológica asegura que el consumo excesivo de azúcar afecta a la salud humana más allá del simple aumento de calorías”, dice.

La consecuencia, continúa Lustig, es un incremento de las enfermedades asociadas al síndrome metabólico: triglicéridos altos, hipertensión, diabetes. El azúcar, que combina una molécula de glucosa y otra de fructosa, tiene “efectos tóxicos (...) que son similares a los del alcohol”. Otros estudios han mostrado un resultado que aún no es definitivo: el azúcar produciría cáncer y afectaría las capacidades cognitivas.

Un tercer asunto ha ocupado los estudios de Lustig. El azúcar resulta también adictivo: reduce la dopamina —el químico cerebral relacionado al placer y la satisfacción— y por lo tanto “lleva al individuo a consumir más”. Además acelera la supresión de la grelina, hormona que envía señales de “hambre” al cerebro.

Entonces, se pregunta, ¿por qué no regular la distribución del azúcar si ya está probado que produce tantas complicaciones? Tanto el alcohol como el cigarrillo han sido controlados con leyes. En Colombia, por ejemplo, sólo se puede acceder a ellos a partir de los 18 años y nadie puede fumar en lugares cerrados.

Lustig propone que las comidas procesadas con endulzantes tengan impuestos adicionales para que el consumidor lo piense dos veces antes de adquirirlos. Propone, también, que los gobiernos determinen el número de establecimientos de comidas rápidas alrededor de los colegios y que exista una edad mínima para acceder a determinados alimentos. “Sin embargo, el azúcar es barato, el azúcar sabe bien y el azúcar vende —asegura Lustig—, así que las compañías tienen pocos incentivos para cambiar”.

Riesgos para fertilidad por uso de plásticos


México, 10 feb (PL) Los recipientes de plástico, aparentemente inofensivos, pueden ser nocivos para la salud, en especial porque contienen tóxicos propensos a provocar problemas de fertilidad en las mujeres, advirtió una científica mexicana del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).

Algunos estudios revelan que ciertos tóxicos contenidos en ese tipo de vasijas, como el bisfenol A y los ftalatos, disminuyen la capacidad del óvulo para ser fertilizado, de acuerdo con Isabel Hernández, especialista del Departamento de Toxicología de la institución.

El problema de los plásticos es que su continuo uso, el calentamiento y el lavado con detergentes, incrementa las posibilidades de que los compuestos dañinos que poseen se liberen, se incorporen a los alimentos y bebidas, "y de esta forma ingresen a nuestro organismo", señaló.

Explicó que los aditivos empleados por la industria para darles flexibilidad y dureza a los plásticos tienen agregados que al pasar al cuerpo humano pueden simular efectos similares a los de las hormonas que produce el organismo y de esa manera causar efecto en la ovulación y en la calidad fértil del ovocito.

Hasta el momento las exploraciones se han realizado en ratones de laboratorio y según la experta en toxicología reproductiva, los resultados preliminares apuntan a que al ser expuesto este roedor a bisfenol A, en concentraciones iguales a las que consumiría un humano, disminuye entre 20 a 25 por ciento la capacidad del ovocito para ser fertilizado.

Sin embargo, estos resultados requieren de estudios adicionales, enfatizó la doctora en Ciencias.

"Esperamos tener resultados concluyentes a mediados de este año".

Hernández y su equipo tratan de identificar los mecanismos por los cuales los tóxicos alteran la capacidad fértil de los óvulos y si esta anomalía podría ser una de las causas múltiples que contribuyan a la disminución en la fertilidad femenina.

Alimentación orgánica: su valor a la salud y nutrición


Del campo a tu mesa




Por Ileana Delgado Castro /idelgado@elnuevodia.com


Ya sea por motivos de salud o por el interés de prevenir enfermedades, cada vez más personas se deciden por el consumo de productos orgánicos.

“Desde el punto de vista de la salud, los alimentos orgánicos son importantes porque no están contaminados con pesticidas o químicos. Se ha demostrado que esos tóxicos se alojan en el organismo y pueden causar varios problemas de salud, desde resistencia a los antibióticos y cáncer hasta condiciones autoinmunes”, sostiene el médico naturópata Efraín Rodríguez Malavé.

Sin embargo, al hablar sobre el valor nutricional de estos alimentos sobre otros, hay diferencias de opinión.

A juicio de la dietista clínica Glorivette González González, del Hospital Auxilio Mutuo, el valor nutricional de productos libres de pesticidas, hormonas o químicos, genera debate.

González destaca que hay estudios que no demuestran una diferencia significativa en cuanto al valor nutricional entre los alimentos orgánicos y aquellos obtenidos de otra forma.

Más aún, sostiene que se ha descubierto que en los alimentos orgánicos ese valor va a depender de las propiedades del suelo de acuerdo a los abonos orgánicos y procesos naturales que ocurren en el mismo.

De igual modo, González también menciona que “varios estudios científicos han encontrado que ciertos tipos de alimentos cosechados orgánicamente tienen una cantidad mayor de algunos nutrimentos que los que son producidos de forma convencional”.

Echando a un lado las controversias, la nutricionista expresa que “lo más importante es seleccionar aquellos alimentos que ofrecen una variedad de nutrimentos que nos ayuden a mantener una buena salud” .

Incluso, se debe tener en cuenta que un alimento orgánico no es sinónimo de dietético. “Como muchos otros productos, existen alternativas orgánicas que son controladas en azúcares, grasas y sodio y otras que no lo son. Por eso es muy importante leer la etiqueta nutricional para poder comparar y seleccionar aquellos productos que tengan un alto valor nutricional, sean orgánicos o no”, aconseja la nutricionista.



La salud entra por la boca

“La medicina natural recomienda que sigamos una alimentación lo más natural y orgánica posible. Entendemos que la salud entra por la boca y lo que comemos está íntimamente relacionado con nuestra salud”, asevera por su parte el doctor Luis F. Rivera, médico de familia que utiliza la naturaleza para curar y prevenir enfermedades.

Según Rivera, hoy día la comida está contaminada con químicos y adulterada con genética molecular. “Tanto así que a veces, por ejemplo, no sabemos si estamos ingiriendo maíz o uno mezclado con los genes de un pez, rana o algún otro organismo. Estos químicos y sustancias no son parte natural de nuestra comida y, por ende, nos hacen daño. Aunque pueda parecer inofensivo, su efecto es acumulativo y a largo plazo”, advierte Rivera, tras destacar que es posible minimizar la exposición a esta alimentación consumiendo productos orgánicos.

“En Estados Unidos hay un movimiento e interés de que la gente trate de comer natural, orgánico y, en lo posible, conocer quiénes y cómo se cultivan los alimentos que consumimos. Mientras más conozcamos de dónde provienen nuestros alimentos, más control tendremos sobre lo que ingerimos”, asegura Rivera, quien pone el ejemplo de las frutas y vegetales que son cubiertas con cera para que se vean “perfectos para la foto”.

“Es la misma cera que usamos para darle brillo al carro. Pero nadie quiere comer cera, ¿verdad? Por eso, si se puede, es mejor pelarla. Y aunque estamos perdiendo un poco de la fibra de los alimentos, esta la podemos ingerir de otras fuentes”, recomienda Rivera, también instructor de yoga y director del Centro Cultural Yoga Devanand.



La realidad del consumidor

Hasta hace muy poco, consumir alimentos orgánicos no era una prioridad en la vida de Rosa y su familia. Y aunque de vez en cuando le tentaba comprar uno que otro producto, como frutas y vegetales, dice que el alto costo de muchos de ellos casi siempre la frenaban.

“He escuchado sobre los beneficios de consumir productos orgánicos debido a que son cultivados de una forma en la que no se utilizan químicos. Pero la realidad es que la situación económica no está como para gastarse el sueldo de un mes en la compra de una semana”, afirma la ama de casa y madre de dos adolescentes.

Sin embargo, dice que en las últimas semanas ha tenido que hacer ciertos ajustes para poder comprar algunas carnes orgánicas porque, a su juicio, las otras le causan alergia a uno de sus hijos. Algo que ella atribuye a que en la industria se utilizan hormonas y antibióticos para acelerar el crecimiento de los animales.

En casa de Marian, sin embargo, se toman todas las previsiones posibles para que lo que se consuma en el hogar sean productos orgánicos o cosechados en el huerto que tienen en el patio, los cuales son cultivados libres de pesticidas o fertilizantes químicos.

“Hace varios años me diagnosticaron cáncer de seno y desde entonces decidimos llevar una alimentación más sana. Eliminamos la carne roja y tratamos de que casi todo sea lo más orgánico posible. Y el cambio en la salud de toda la familia ha sido sorprendente”, indica Marian, tras asegurar que lleva cinco años libre de cáncer.



En busca de lo local

La compra de productos locales, si están disponibles, es una excelente alternativa para consumir víveres típicos del país y apoyar la economía nacional.

“Los productos producidos localmente pueden ser más frescos por el hecho de no necesitar de tanto tiempo para transportarlos del lugar donde se producen hasta el mercado donde se venden”, sostiene González, mientras destaca que, sin importar si el producto es orgánico o no, siempre es más recomendable consumir los alimentos en su forma más natural y simple.

“Esto es así porque a todos los productos que son procesados se les añaden ingredientes para poder preservarlos por más tiempo”, advierte la dietista.

En Puerto Rico, los productos orgánicos se supone que están regulados bajo los estándares del Programa Nacional Orgánico (NOP, en inglés) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, en inglés).

Sin embargo, para algunos agricultores se trata de un proceso de certificación caro y burocrático. “Más que un problema de certificación, tenemos un problema de producción. Estamos contra viento y marea tratando de competir con los precios de los productos afuera y la gente no está acostumbrada (a comprar alimentos orgánicos)”, dice Leonardo Estrada Ferrer, quien tiene una finca en San Germán, donde cultiva tomates, repollos, pimientos y gandules orgánicos.

“Hay una ley para certificar los productos orgánicos, pero llevo ocho años y no me he certificado. Yo vivo de la agricultura y, como agricultor y antropólogo, creo que lo más importante es que no hay gente para trabajar la tierra”, agrega Estrada.

Alimentos orgánicos

• El término “orgánico” se define como un alimento cultivado libre de herbicidas, pesticidas u otros químicos; que no sean productos de cultivos transgénicos (modificados genéticamente). En el caso de las carnes, que no se hayan utilizado hormonas o antibióticos en su crianza.

• Biológico, ecológico u orgánico son sinónimos que se usan para designar los alimentos que cuidan tanto la salud de los consumidores como el equilibrio del medio ambiente en que se producen.

• Son igual de nutritivos que sus contrapartes tradicionales en términos de aportación calórica y contenido de vitaminas, minerales y otras sustancias.

• El beneficio mayor de estos productos radica en sus efectos a largo plazo sobre la salud. Al carecer de ingredientes nocivos (como alto contenido de sal, azúcar, químicos y productos transgénicos) ayudan a mantener la salud.

• Como regla general, se recomienda consumir los alimentos orgánicos que se comen con sus cáscaras como frutas (uvas, peras, cerezas, fresas) y vegetales (papas, espinacas, lechugas). Del mismo modo ocurre con las carnes (los animales acumulan las sustancias nocivas en los músculos). Los alimentos que se deben pelar para consumirse, como: el aguacate, la cebolla, la piña y el mangó, entre otros, suelen ser bastante seguros y pueden consumirse no orgánicos. En otras categorías se prefieren orgánicos los cereales, las leches de soya y de arroz, y el pan.

Fuente: Recopilado por El Nuevo Día

Otras recomendaciones

• Lava bien los alimentos con agua clara. También vienen unos enjuagadores naturales que ayudan a eliminar el sucio y los químicos que puedan estar depositados en la superficie de los alimentos.

• Si los alimentos no son orgánicos, quita la cáscara si es posible, porque es donde se almacenan muchos de los químicos indeseados.

• Compra y consume frutas y vegetales orgánicos. Evita consumir productos cuyas semillas hayan sido genéticamente modificadas en un laboratorio. Ahora en Puerto Rico hay varios proveedores certificados como fincas orgánicas donde se pueden conseguir a un precio económico.

• Cultiva huertos caseros y siembra los productos que te gustan, como plátanos, guineos, panas, pimientos, tomates, lechugas, papayas, mangos, limones, carambolas… Si utilizas maneras naturales y orgánicas de fertilizar tu huerto y prevenir las plagas podrás reducir tu consumo de químicos y comer más saludable.

• Bebe mucha agua. Eso te ayuda a que las toxinas que puedas ingerir no se acumulen en el sistema y se eliminen a través de la orina o el sudor.

Fuente: Dr. Luis F. Rivera