viernes, 13 de enero de 2012

Cuando el dolor se convierte en enfermedad

Uno de cada cuatro europeos padece dolor intenso y la mitad de ellos no recibe tratamiento

Se denomina dolor crónico al dolor que persiste durante un tiempo prolongado y que, a menudo, no responde a cirugía, fármacos, reposo, fisioterapia u otros métodos de tratamiento. En ocasiones, deja de ser un síntoma de que algo no funciona en el organismo para convertirse en enfermedad, aunque este aspecto no se tiene en cuenta ni por parte de los profesionales sanitarios ni por los propios afectados. Sin embargo, las cifras son preocupantes: 100 millones de europeos y 10 millones de españoles (un 22% de la población) conviven con él. Pese a que el dolor es una causa recurrente de visita en los servicios de urgencias y aunque cada vez afecta a edades más tempranas, pocos centros sanitarios están preparados para tratarlo de forma efectiva.
Por NÚRIA LLAVINA RUBIO
6 de enero de 2012


- Imagen: a.tobias -

Unos 100 millones de europeos y 10 millones de españoles padecen algún tipo de dolor crónico, que limita la calidad de vida. Facilitar el acceso a la información, la educación y el diagnóstico sobre la enfermedad, actualizartratamientos, concienciar sobre el impacto social, médico y económico del dolor y prevenirlo son algunas de las finalidades de la Pain Alliance Europe (PAE). Esta nueva entidad europea recién formada en el Parlamento aglutina a 18 ONG que representan a 11 países.

Con PAE también se pretende establecer una plataforma europea que fomente la investigación sobre el dolor. El intercambio de tendencias respecto a tratamientos, servicios y resultados entre los Estados miembros es clave para el avance del conocimiento de la enfermedad, con el objetivo de crear unas directrices únicas que proporcionen un sistema óptimo de tratamiento. El dolor crónico podría costarle a Europa hasta 300 mil millones de euros anuales y, según la Sociedad Española del Dolor (SED), un 2% del Producto Interior Bruto (PIB) a España.
Dolor intenso y de urgencia

Uno de cada cuatro europeos padece dolor intenso y la mitad no recibe tratamiento. La PAE ha manifestado que, mientras las dolencias reumáticas, ortopédicas y oncológicas están aceptadas por muchos grupos que impulsan su reconocimiento y tratamiento adecuado, el dolor crónico como enfermedad es una entidad bastante desconocida, tanto para los profesionales sanitarios como para la sociedad en general. El 21% de los europeos afectados no puede trabajar. Del 79% restante, un 61% ve alterada su vida diaria.


El dolor crónico es cada vez más frecuente en la edad infantil y las niñas lo sufren más a menudo

En realidad, el dolor es una causa muy recurrente en los servicios de urgencia. El dolor agudo es el principal motivo de ingreso en servicios de urgencias hospitalarias, que aduce el 43% de los pacientes. No obstante, un estudio reciente llevado a cabo por la Sociedad Española del Dolor (SED) y la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) asegura que la medición y el tratamiento del dolor es una asignatura pendiente en este ámbito. Desde la SED también se advierte de que ninguna especialidad médica está preparada para tratarlo de manera específica.
El dolor más habitual

Aunque las causas no se conocen siempre, a menudo, el dolor crónico está provocado por diversas condiciones médicas como diabetes, artritis,migraña, fibromialgia, cáncer, herpes zóster, ciática, traumatismos o alguna lesión antigua. Puede empeorar como respuesta a factores ambientales o psicológicos. El reciente estudio realizado por la SED apunta que el dolor en urgencias se debe, sobre todo, a traumatismos (39,2%), dolor grave (27,7%) y pacientes con agudización de dolor crónico (15,9%).

El 80% de los pacientes ingresan por dolor musculoesquelético. Le siguen el dolor abdominal, el torácico e isquémico o el neuropático. En términos generales, más allá de las urgencias, los más frecuentes son los de espalda y lumbares, entre todas las molestias osteomusculares, cabeza, cuello, problemas digestivos y ginecológicos.

En muchos casos, el dolor crónico no se diagnostica hasta pasados unos años, cuando el paciente decide visitar al médico, algo que ocurre de manera más frecuente entre las mujeres. En general, esta demora se achaca a que es soportable y los afectados lo interpretan como un fenómeno normal. La angustia y el malestar que provoca se transforman de forma paulatina en una sensación común no agradable, pero que llega a ser tolerable y, por tanto, conviven con él. Otros motivos para no recurrir al médico son el precio de los tratamientos (se estiman demasiado caros), la escasa eficacía o la posibilidad de causar efectos secundarios.

Con todo, los especialistas insisten en que es importante no automedicarse y consultar el médico. Incluso puede ser necesario aceptar la necesidad de tratamiento psicológico. Sufrir dolor crónico puede afectar a la vida en todos los aspectos: pareja, trabajo, amistades y tiempo libre. Incluso provoca ansiedad, depresión o insomnio, entre otros.

MÁS DOLOR EN NIÑOS


Un nuevo estudio publicado en la revista 'Pain' ha mostrado que el dolor crónico es cada vez más frecuente en la edad infantil, si bien las niñas lo sufren más a menudo. Los investigadores, que han revisado 32 estudios sobre este aspecto, han detectado que lacefalea es el más común: un 23% de los niños entre 7 y 18 años lo padeció al menos una vez por semana y un 5%, de forma diaria. Le siguen en frecuencia el malestar abdominal, de espalda y musculoesquelético.

En general, entre el 11% y el 38% de los niños experimentó algún tipo de dolor crónico. Además, estas tasas han aumentado durante las últimas décadas y se incrementan aún más con la edad. Resultados como estos argumentan que investigadores y médicos deben ser conscientes de la importancia de la afección infantil y de sus consecuencias a largo plazo. Si se detectan las causas, se podría intentar reducir sus efectos negativos cuando los afectados alcancen la madurez. El dolor persistente o recurrente puede provocar que los niños falten a la escuela y socialicen menos. A la vez, aumenta el riesgo de desarrollar ansiedad, depresión y baja autoestima.

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